Una escultura de siete metros de largo y 500 kilos de peso, obra de la artista Cristina Planas (Lima, 1970) luce ahora en la sede central de la Fiscalía peruana, en Lima. En ella, Planas ha unido al santo de los pájaros y patrono de la ecología, San Francisco, y a un gallinazo —nombre del buitre negro en Perú—. “El ave que se ha convertido en un símbolo del reciclaje”, explica la escultora. La obra es un llamamiento contra la corrupción y por la limpieza de las instituciones, incluida la Iglesia católica.

“Siempre trabajo con las cosas que realmente me molestan y, para cambiarlas, cada quien tiene algo que hacer desde su esquina: el gallinazo es para mí, mi esquina”, comenta la artista peruana, quien planeó esta obra en 2014, en el contexto de las decisiones del papa Francisco sobre la renovación del catolicismo y la sanción de los abusos cometidos por religiosos. La artista plástica explica que San Francisco es el santo de los pájaros y patrono de la ecología según la última encíclica del Papa. “En la cosmovisión andina, el hombre está insertado en un mundo donde lo que le rodea es más poderoso que él; para la Iglesia no es así, con un hombre creado a imagen y semejanza de Dios. Esta encíclica empodera al entorno, hay un acercamiento de la Iglesia a esta visión más andina”.

“Esta visión se congrega en San Francisco, a quien he representado alado, junto a un animal ancestral que mira a los peruanos y nos reconoce y tiene una manera de limpiar esta ciudad [Lima] de manera silenciosa. Todos deberíamos ser gallinazos para sobrevivir a la corrupción, la impunidad y la crisis de valores”, añade.

La obra San Francisco de Lima y el gallinazo estuvo montada durante un mes en lo alto de una universidad privada en el sur de Lima, pasando a finales de agosto al centro de Lima, sobre la Biblioteca Pública, en una de las avenidas más importantes y transitadas del centro de la capital. La artista escogió este segundo lugar por ser la institución estatal peruana más antigua, creada un mes después de la declaración de independencia del país, en 1821.

Planas pretende que su escultura siga itinerante por Lima, señalando con el dedo los conglomerados de la corrupción. Su trabajo anterior, también con un gallinazo como protagonista, le valió en 2015 el premio Emerging voices del Financial Times. A finales de 2014, en el contexto de la 20ª Cumbre del Cambio Climático celebrada en la capital peruana, Planas instaló 25 cabezas de gallinazos sobre árboles muertos de palmeras en la reserva Pantanos de Villa, en Lima, un humedal cuya área se ha ido reduciendo por la construcción de viviendas, tanto las de los condominios de familias ricas como invasiones y asentamientos de las más pobres.

Los vecinos de las dos urbanizaciones de clase alta de Villa criticaron la instalación. “El lugar se estaba convirtiendo en un espacio público, porque las personas llegaban para ver los gallinazos. Yo había llevado un personaje asociado a la basura y eso parecía incomodarlos. Era una obra que pone en el centro a los invisibilizados y que nos hace mirarnos como sociedad”, recuerda.

Planas invirtió el premio del Financial Times en elaborar San Francisco de Lima y el gallinazo, hecho con una base de foam, el material con el que se fabrican las tablas para surfear, fibra de vidrio y resina. Con la estructura, en total pesa una tonelada. Al terminar el proyecto logró el apoyo ad honorem del estudio de ingenieros Casabonne, que completó la obra con un arnés para que la escultura soporte el viento y el clima sin desarmarse.

“No solo es resistente, sino que con ese arnés de fierro quedó mejor, pues ahora el gallinazo parece un gladiador”, agrega la artista, quien se prepara para llevar la escultura a otros puntos altos de la ciudad.

Fuente: elpais.com