Arranca PhotoEspaña dedicada a la obra de creadores latinoamericanos

PhotoEspaña presentó este lunes la programación de la 18ª edición del festival, que estará dedicado este año a la fotografía y las artes visuales latinoamericanas.”Participarán 395 artistas, el 52 por ciento latinoamericanos, entre los que se encuentran Lola Álvarez Bravo, Tina Modotti, Mario Cravo Neto, Julio Zadik, Manuel Carrillo, Korda, Luis González Palma, Ana Casas Broda, Mariela Sancari, Paz Errázuriz, Graciela Iturbide, Pedro Meyer, Regina José Galindo, Martín Chambi y Miguel Río Branco”, explican los organizadores.

1bc125fc8178f75ea99356aa8216065e72dd43c5-1Boda en Coyoacán, Pedro Meyer

El festival, que se celebrará del 3 de junio al 30 de agosto, presenta 101 muestras y están previstos itinerarios fotográficos, talleres de fotografía para niños y jóvenes, una subasta solidaria y concursos en Internet e Instagram.

“PHE15 presenta una programación expositiva y de actividades que aborda la fotografía latinoamericana de la mano de sus instituciones y sus centros de arte, de sus artistas, especialistas y curadores, de sus colecciones y legados, con la intención de mostrar una visión de la fotografía del continente desde dentro”, explican.

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Nidia Ríos, Korda

El Círculo de Bellas Artes recibe la obra de Lola Álvarez Bravo, “una de las fotógrafas mexicanas más prolíficas del siglo XX y figura clave del renacimiento artístico posrevolucionario del país”. El Real Jardín Botánico-CSIC acoge la obra del fotógrafo guatemalteco Julio Zadik, “una figura a descubrir gracias a la estrecha colaboración con su Estate”.

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Luciana, Mario Cravo Neto

El Espacio Fundación Telefónica organiza Constelaciones de lo intangible con más de 200 obras de uno de los autores más destacados de la fotografía latinoamericana contemporánea. CentroCentro Cibeles ofrece dos miradas colectivas. Latin Fire. Otras fotografías de un continente 1958-2010. Colección Anna Gamazo de Abelló es una selección de uno de los acervos de fotografía latinoamericana más importantes de Europa que muestra, a partir de más de 180 obras de cerca de 60 artistas, facetas poco conocidas de la fotografía latinoamericana.

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Sin título, Julio Zadik

El Museo Reina Sofía participa en PHE15 con la exposición Aún no. Sobre la reinvención del documental y la crítica de la modernidad, una aproximación a los debates sobre el género documental que tuvieron lugar en los años 70 y 80. La Biblioteca Nacional de España recibirá la exposición Los mejores libros de fotografía del año, producida por Sago.

elcorteingles13Heart of stone, Mario Cravo Neto

La Comunidad de Madrid organiza dos exposiciones de dos grandes creadores: Chema Madozpresenta su trabajo más reciente en la Sala Alcalá 31, mientras que Enrique Meneses es el protagonista de una gran retrospectiva, la primera tras su muerte, en el Canal de Isabel II.

No te pierdas el video, en un minuto y medio: la esencia del festival.

Destacado Bienal de Venecia: Paz Errazuri, la primera mujer que representa a Chile en el megaevento

Por Valentina Montero  para Atlas imaginarios visuales de Chile

La reconocida fotógrafa chilena, Paz Errázuriz, nos recibe en su casa; un oasis de silencio y quietud en medio del barrio de Providencia, hoy invadido por uniformes y monocromos edificios de departamentos.  El patio interior de su vieja casa, de piso de madera y paredes altas, deja entrar una luz tenue gracias a una primavera extraña que esta vez luce tímida. En una atmósfera así, es casi natural hablar pausadamente y abordar en la conversación cuestiones relativas al tiempo; a sus procesos de trabajo, el feminismo, y los cambios que la fotografía ha experimentado en una época donde la imagen ha cambiado su significado y valor velozmente.

El origen de esta entrevista surgió a raíz de la reciente noticia de que su trabajo será parte de la próxima muestra de la Bienal de Venecia. Paz Errázuriz será la primera fotógrafa chilena en exponer en este evento. Cuando le preguntamos sobre esta oportunidad, se encarga de aclarar que esto surge en el contexto de un concurso oficial para curadores en el  que participó Nelly Richard incluyendo en su propuesta el trabajo suyo y el de Lotty Rosenfeld.  “Ella (Richard) trabaja con las poéticas de la disidencia que tienen que ver con género, con memoria. Y las dos, Lotty y yo, tenemos una trayectoria y preocupación parecidas”.

Además, la bienal ha tenido una marcada presencia masculina. “En la Bienal de Venecia, representando a Chile, hasta ahora han participado solamente hombres: Ivan Navarro, Prats, Alfredo Jaar,  ninguno de ellos vive en Chile. La única mujer ha sido Ingrid Wildi, y ella participó como suiza, donde vive”, añade Paz. [1]


Paz Errázuriz y Malú Urriola, La Luz que me Ciega, Museo de Arte Contemporáneo, 2011

¿Aparte de este corte de género, qué otros aspectos rescatas en esta elección?

Que no es un proyecto ostentoso, porque hay poco dinero para esto.   La propuesta curatorial no tiene ninguna pretensión de que sean trabajos hechos especialmente para la Bienal, en la cual he trabajado sobre temas retrospectivos.

¿Cómo se estructurará ese trabajo?

Serán dos salas. El trabajo de cada una estará en una sala.

¿Cómo se unirán?

Nelly trabajará en eso con su texto.

¿Sientes consonancias con el trabajo de Lotty?

Yo colaboré en varios proyectos con ella. Le he hecho varias fotos para sus trabajos, y también colaboré con el CADA. Entonces hay una cosa muy a la par y de mucho tiempo atrás donde nos hemos encontrado.


Paz Errázuriz y Malú Urriola, La Luz que me Ciega, CASA E, 2011. Registro: Carolina Tironi
¿Cuáles de tus trabajos son los que ha escogido Nelly Richard?

Ella ha elegido de mis trabajos aquellos proyectos que he trabajado en dupla con otras mujeres. Duplas con la escritora Diamela Eltit, con Malú Urriola, poeta; con Claudia Donoso, periodista. Entonces ahí hay un proyecto muy redondito. De esta manera es como estamos participando.  Ya estamos eligiendo tres módulos de trabajo: La manzana de AdánEl Infarto del alma y otro que se llama La Luz que me ciega, que trabajé con Malú Urriola. Trabajo que involucra fotografía, video y poesía, cuyo tema es la acromatopsia, que es una enfermedad a la vista que te hace ver en blanco y negro. Además es el primer trabajo que yo hago a color.

Resulta curioso conocer las motivaciones,  geneaologías  y procesos de los trabajos de Paz. Durante la conversación comprobamos cómo la mayoría de sus proyectos fotográficos se fueron construyendo de manera orgánica, sin un plan rígido, sin una hoja de ruta acotada. Los encuadres o enfoques que terminarán de darle una marcada identidad  a cada proyecto, surgieron en ese largo proceso de trabajo que enfrentó a Paz con las personas o ambientes que intentaba retratar.
¿Cómo te has planteado los proyectos, vas siguiendo un modelo determinado…?

No es que tenga un patrón o una forma fija. Tampoco es que se trate de improvisación. Por ejemplo con Nómades del mar, me empecé a informar; a leer todo lo posible que hubiera sobre el tema, porque estaba absolutamente metida en eso, y luego llegó la fotografía. En ese caso era posible informarse. Lo demás son temas que yo tengo que solucionar en el camino, porque no hay otra manera. No tengo ningún modelo de nadie que me pudiera haber asesorado,  ayudado o sugerido. Entonces lo que hago es más bien aplicar un método antropológico de investigación, leyendo mucho, o a través de informantes. Y luego, por el camino voy viendo. Se va trabajando no más…

Quiere decir que tampoco vas con un tiempo determinado

Nunca he sabido del tiempo. Yo me puedo enamorar mucho de un tema y luego continuar eternamente. Porque siempre aparecen cosas doblemente maravillosas cuando tú estás adentro.   Por ejemplo, me siento con la libertad de hacer cambios importantes en cuanto a contextos cronológicos.


Paz Errázuriz y Malú Urriola, La Luz que me Ciega, CASA E, 2011. Registro: Carolina Tironi
Cuéntanos cómo llegaste a proyectos como El Infarto del Alma.

Para mí que soy muy lectora, siempre estaba esa fantasía del mundo de la locura, pero, además, para el golpe militar corrían rumores terribles de que los amigos y amigas  detenidos desaparecidos podían no estar sólo en los regimientos; también podían estar en los hospitales psiquiátricos. Decidí ir. Me voy a armar de la cámara y voy a pedir permiso poniendo cara de tonta, me dije. Entonces me dieron el permiso aquí en Santiago,  en el Hospital Psiquiátrico. Estuve dos meses, y luego me cortaron los permisos. No me explicaron por qué. Quedé muy frustrada. En esa época yo trabajaba con el sector mujeres, esa fue mi excusa al comienzo. Por lo tanto, lo de Putaendo fue como recuperar eso. Pero esta vez, recuperando el tema de la locura misma.  Y me preparé mejor esta vez. Hablé con el director, mostré parte de mi trabajo y me dieron los permisos; después nunca nadie me molestó; incluso podía alojar allí.

¿Y cómo sabes cuándo acabar un proyecto?

Ese es el gran tema de toda la gente, de los pintores, de los escritores. Saber cuándo terminar es lo más dramático, es algo muy difícil y doloroso. En mi caso, sobre todo, cuando trabajas además con personas, terminar esa relación puede ser hasta cruel. Porque hay un abandono. Tú has estado tan involucrada con un tema, y luego no puedes más.

Por ejemplo, el trabajo en el Hospital Psiquiátrico es un trabajo que habría podido continuar, pero vi que era como por inercia, porque  adentro ya había logrado superar tantos problemas; ya me sentía tan bien, que todos los fotografiados se habían convertido para mí en una familia, pero luego te echan de menos, lloran porque no vuelves; son cosas muy dramáticas.


Paz Errázuriz, El infarto del Alma, Putaendo, 1994

¿Cómo lograr mantener la distancia emocional para asumir un trabajo como ese?

Fue todo a pulso, como un trabajo interno. Era tan fuerte que cuando realizaba este trabajo del Hospital Psiquiátrico de Putaendo arrendaba una pieza que quedaba a tres kilómetros del pueblo. Yo iba al hospital, pero a una hora determinada cerraba el trabajo y volvía a mi lugar. Como que tenía que cortar, tenía que cerrar, porque era feroz. Siempre me invitaban a alojar en el hospital, pero yo simplemente no podía. Al final acepté. Fue una prueba conmigo misma, como un deber; y ya había ido tanto que entonces fue absolutamente posible. Fue como una auto-terapia que tenía que ver con mi trabajo, con cómo estaba yo con este tema. Te podría haber dado pavor estar ahí, por los sonidos insoportables, pero ese tipo de situaciones son ejercicios fenomenales que una hace consigo misma. Entonces es pura intuición, es como estudiar cómo estás trabajando con eso. Pero no hay modelos, no hay cómo medir todo eso.

¿Entonces ese momento en que cortaste fue por una pulsión interna?

Una va paralelamente buscando de manera casi inconscientemente la forma de salirse. En este caso fue cuando le cuento sobre el trabajo a Diamela Eltit, que vivía en México. Ella me pregunta: ¿En qué estas ahora? yo le cuento, y ella queda fascinada con el tema. Fue entonces en ese momento que pensamos en hacer un trabajo juntas. Ya con esto en vista empiezo a pensar cómo cerrar el tema del hospital. Comencé a hacer mis últimos viajes y el asunto se hizo más concreto; veo que hay una cantidad de material y todo cobra sentido. Comienzas a ver tu trabajo ya como una obra distanciada.
¿Cuánto tiempo tardaste en ese trabajo?

Esos fueron como dos años de trabajo.


Paz Errázuriz, El infarto del Alma, Putaendo, 1994

¿Cuál es el proyecto que te tomó más tiempo?

Hay dos. Cada uno por distintas razones. Por ejemplo, para el trabajo de La manzana de Adán fueron como cinco años o más, pero tenía que ver con la represión,  con los toques de queda; con que estaban detenidos mis amigos; que una tenía hijos chicos y no puedes desaparecerte. Además, no tenía financiamiento; todo fue hecho a pulso. Yo hacía trabajo de fotografía para niños, familia, algunas colaboraciones en revistas. Así juntaba dinero para continuar. Pero lo lindo es que a pesar de ese tiempo de demora,  todo continuaba hilvanado. Volvía cada vez y tenía la misma sintonía.

Otro proyecto que también se hizo largo fue Nómades del Mar. Ese fue por la distancia. Estábamos en el último punto del continente. Allá llueve la mitad del año, no hay luz después de las tres de la tarde; tienes que ir en avión, andar en bus, barco, bote. Repetir eso no era tan fácil.  Antes había ido mucho y había estado leyendo, pero desde que me propuse hacer ese proyecto, debo haber estado yendo unos dos años más.
¿Y cómo llegaste a concebir un proyecto que tendrías que realizar tan lejos?

Yo conocía el lugar; y por otro lado, me había ganado una beca Andes para hacer un trabajo sobre la mujer de Chile. Había empezado en Arica, bajando hacia el sur, registrando a mujeres que me interesaran. Yo siempre había ido a Magallanes y había oído hablar de esta mujer indígena que la gente nombraba. Es un mundo terrible el de los estancieros de Magallanes. Es como si estuvieran en otro siglo. Entonces empecé a saber de ella, hasta que un día dije: la voy a encontrar y ella será la mujer más extremo sur. Logré llegar a ella y quedé enamorada. Nunca había visto un personaje más fascinante para mí. Y por ella yo descubrí el mundo kaweskar y ahí abandoné el trabajo de las mujeres (Pero ahora lo voy a mostrar a fin de este año, porque había quedado sin terminar. En este momento estoy juntando todas estas fotos) Entonces así llegué a este trabajo Los Nómades del Mar.
O sea, no es que tú vayas con una idea preconcebida buscando  realizar un proyecto específico con los personajes de esos márgenes que te interesan. Tal parece que, de alguna  manera, fueran las temáticas y los personajes los  te encuentran a ti.

Claro. No es que tú vayas pensando en los seres al margen. Vas llegando por distintas razones. Es como si una tuviera un mapa interno que funciona de una manera. No sé cómo explicar eso. Ahí ya hay que meterse en cosas muy lejanas a la fotografía, que tienen que ver con la sensibilidad de cada uno. En el caso de La Manzana de Adán, ese era un proyecto que comenzó con prostitutas mujeres y luego se centró en los travestis…


Paz Errázuriz,  La manzana de Adán,  1987

Como que hubiera un itinerario torcido en tus procesos.

Sí. Un itinerario muy interno que se va ajustando a procesos diversos y de repente encuentra su camino exacto.  Como que recorro los entornos, me doy vueltas antes de llegar al centro, me doy varias vueltas de carnero, pero al final aparece la nitidez.
Recuerdo que en el cine de Pasolini, él utilizaba un tipo de encuadre, al que llamaba “de éxtasis”, que consistía en hacer una toma de un cuadro general pero luego movía la cámara como corrigiendo el encuadre. Algo así parece que te sucediera en la elección de tus motivos.

Sí, qué interesante. En mis trabajos hay algo como que de repente se enfocó en un tema en relación a otros.

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Para tus proyectos contemplas la referencia de otros artistas fotógrafos u obras,  ya sea de la pintura o el cine.

No. Yo sí leo mucho. Pero no es por una búsqueda específica. Todo lo contrario. Lo hago casi como para calmar estas búsquedas  o inicios de trabajos que son difíciles. Porque es difícil entrar. Una cosa es elegir un tema y otra cosa es abordarlo, encontrar la forma de desarrollarlo.
Debe ser muy difícil además considerando que la locura, el travestismo o la prostitución, son motivos que han estado muy visitados en la fotografía contemporánea. De hecho en clases, los estudiantes de foto lo primero que les interesa fotografiar es al vagabundo, al viejo… Como que la marginalidad tuviera una estética muy atractiva para la sociedad, cuestión que suena terrible decirlo.  Pero luego el desafío sería cómo hacer ese acercamiento. Eso es lo que haría la diferencia.

Ese “cómo hacerlo” viene porque te ejercitas constantemente. Porque todos hemos hecho vagabundos, todos hemos hecho lo clásico de la calle… Tú tienes que tener en cuenta que soy autodidacta. Soy licenciada en educación, estudié un año filosofía, en fin.. nada que ver con fotografía.

Paz Errázuriz,  La manzana de Adán,  1987

Eso explicaría que tu forma de trabajo tenga una vertiente o raíz literaria.

Tampoco creas que  haya buscado una nueva forma o muy particular… Yo lo he hecho de la única manera que lo podía hacer. Porque como sabía tan poco y son temas tan delicados, no me atrevía a tratarlos de otra forma más que, respetuosamente; registrarlos así tal cual, de una forma muy simple, muy directa. Sería una falta de respeto con estas personas.

La verdad, no tengo fórmulas. Esto puede demostrar también mi libertad; yo no tengo estudio, no me gusta la foto de estudio. Entonces como que estoy dispuesta a llegar a ese lugar y adaptarme. Y desde ahí yo podría analizar cómo funciono.

Quizás eso tenga que ver también con un enfoque de trabajo más horizontal con el lugar y personas a las que fotografías. Al respecto, y retomando la propuesta curatorial de Nelly Richard a la Bienal, cuál es tu implicación o enfoque de género en tu trabajo, cuál ha sido tu posición desde el feminismo. 

No he militado de manera explícita con el feminismo, pero yo milito con mi trabajo. Por ejemplo esto de rescatar fotos de mujeres en plena dictadura, como las de Kena Lorenzini. Lo que describe mi postura es que una marchaba con las mujeres y corría después por delante a tomar la foto. Mi militancia era de doble rol, que creo que es la que describe mi forma de ejercicio feminista.
Pero más que una militancia explícita, también hay en tu trabajo un enfoque que intenta rescatar una belleza que no es la habitual; intentando darles un lugar de visibilidad a personas que la sociedad patriarcal excluye de su relato.

Desde ese punto de vista, sí. Pero como que no lo he trabajado de manera exhaustiva, porque este mundo es tan híbrido y complejo. Pensándolo bien, yo misma podría ser un ejemplo de feminismo, no tanto mi trabajo, sino yo misma. Es como tu actitud, tu forma de pensar, tu forma de trabajar.  Yo creo que la mayoría de mis trabajos no habrían sido como son si hubieran sido hechos por un hombre.
¿Quizás porque pareciera que -por cómo hemos sido educadas socialmente las mujeres, no por una cuestión consustancial a la biología de nosotras- la manera de enfrentarnos a alguien a quien vamos a fotografiar no sea desde un lugar de poder…?

Sí. Hay una forma de relacionarse que es interesante. En un mundo homosexual por ejemplo, en ese tiempo, la actitud de un hombre probablemente sería muy distinta, de poder, de su masculinidad. En cambio yo me podía sentir muy bien con el mundo homosexual, travesti. Yo puedo ser para ellos una persona confiable, solamente por el género.

Paz Errázuriz,  La manzana de Adán,  1987

Y esa diferencia de género tal vez alcance también la propia elección de los motivos.

Y el modelo que nosotros teníamos acá en Chile era nefasto. El primer libro que hice el año 73, una especie de fotolibro para niños, era el Diario de una gallina.  Esto lo hice cuando a mí me habían echado de los colegios y con esos largos toques de queda y yo con niños en la casa, hice este trabajo.  Y fueron niños los que me ayudaron a editar.  Yo ponía las fotos y les preguntaba qué les parece si pongo esta primero y esta después. Yo estaba muy aterrada haciendo mi primer trabajo. En esa época ya colaboraba en revistas donde escribía los artículos y hacía fotografías, pero esto era algo más autoral que iba para una colección de libros para niños; la directora era la escritora Isabel Allende. Yo le dije: pero tú escribe y yo hago las fotos, yo nunca he escrito. Me dijo que por ningún motivo. Entonces, de partida ¡elegir una gallina! ¡Un hombre no habría elegido una gallina! Le muestro esto a un fotógrafo muy famoso del momento que vino a esta casa, era Bob Borowicz, , Uh -me dijo- “una dueña de casa nunca va a ser fotógrafa. Así partí.

¡Fuerte!

Entonces empiezas muy pronto a situarte.  Y como no podía ir a ningún curso de fotografía.
Menos a los cursos del señor Borowicz…

Claro. Como que entonces una empieza a encontrar una línea personal de actitud ante la vida. Y eso es lo que puede pasar con tu trabajo artístico. Lo más salvaje. En ese tiempo en Chile no hay enseñanza, no hay modelo; no había libros de fotografía. Entonces una lo que va a ver es a Cartier Bresson, que siempre por supuesto a uno le va a gustar, pero no habían más referentes; no habían fotógrafos. Era una escases sorprendente.  Por un lado era un lujo ser tan independiente.  Y todo el mundo te pregunta cómo lo haces. Bueno, hago no más. No hay una fórmula.
Y has seguido por esa vía. Aún cuando hoy hay mucha información, y hay muchas tendencias más o menos fuertes que se van instalando como modas y modos. Estoy pensando en cómo desde finales de los setenta en Estados Unidos con los fotógrafos de la exposición New topographic se va configurando una determinada estética que después es recuperada en la Escuela de Düsserldorf  y que logra hacerse bastante hegemónica hasta el día de hoy.

Claro, como que creen que es el gran descubrimiento continuar con lo que hace Candida Höfer. Pero luego tú te vas convenciendo de que vale la pena seguir sola. Yo postulé a la Guggenheim en la época en que no existía esa instancia para la fotografía. Fui la primera mujer latinoamericana en tener la Guggenheim. Yo postulé, así por postular… Me apoyaron un amigo poeta, una amiga antropóloga. Y salió la beca. En ese tiempo, una que sabe vivir con poco, una beca de un año te alcanzaba para dos. Te lo cuento para ir demostrándote que valía la pena seguir con mis cosas.

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¿El cambio de los sistemas de producción fotográfica ha afectado tu trabajo? ¿Qué significó para ti el paso de la fotografía análoga a la fotografía digital?

Yo trabajo digital y por supuesto que me he comprado unos rollos que están ahí para hacer algo, ese algo que no llega, por el apuro. Vivimos en otro ritmo.

En esta casa conservo un cuarto oscuro, pero que ya pasó a ser un “guardadero” de cosas, lo que es una vergüenza, pero así es.
Pero en generaciones jóvenes se puede observar una vuelta a la fotografía análoga.

Sí, pero la mayoría que ha vuelto a trabajar con fotografía análoga entrega el revelado a otros. Por ejemplo, mis alumnos que trabajan con fotografía análoga mandan a revelar al único boliche que hay en Santiago; las copias también las hacen ahí. Es sólo la toma. Se ha perdido ese oficio artesanal del laboratorio, especie de tabernáculo, que generaba un espacio medio ritual. Entrabas y te tenías que acostumbrar a ver en la oscuridad. Y sobre todo estaba el silencio del cuarto oscuro, aunque tuvieras la radio prendida. Era un proceso de la fotografía que se hacía de esa manera… Toda esa parte emocional ya no existe. Se acabó no más.  En el cuarto oscuro uno podía pasar todo el día para sacar tres o cuatro fotos. Hoy vivimos un tiempo de la impaciencia. Ahora está la nostalgia de ese mundo maravilloso, casi imposible de recuperar.

¿Y tus procesos de trabajo, de desarrollo de un proyecto, han cambiado también con la llegada de lo digital?

El mundo funciona paralelamente con otras cosas. Yo he trabajado siempre con personas. Mi fotografía ha sido únicamente con personas. Entonces, hoy día, hace tiempo ya, la gente no quiere sacarse fotos. Ya está claro para los fotoperiodistas que la gente te puede demandar  si tú sales parada en la esquina detrás del choque que está fotografiando, demandas tu derecho a salir o no. Y también, está el hecho de que la fotografía ya se convirtió en algo posible para todo el mundo. Entonces ya pierde esa cosa única que era el otro el que fotografiaba, y simplemente eso afectó. En un momento yo estaba muy en crisis con eso. Y realicé mi primer trabajo en el que no involucré personas, que fue Memento Mori, un trabajo sobre fotos de fotos en cementerios. Ahí me sentí bastante bien encaminada haciendo eso, pero tiendo a volver. Entonces lo difícil es eso del fotografiado.

Con lo digital no te queda otra que manejarte. Sea como sea es de una manera más fría y se pierde esa cosa emotiva. Porque en el fondo es tan teatral eso del cuarto oscuro.


Portada del libro La Manzana de Adán, 2ª edición, Fundación AMA 2014 Cortesía: Paz Errázuriz

Claro, ahora para editar puedes trabajar editando en Photoshop y al mismo tiempo estar viendo televisión, haciendo varias cosas a la vez…

Claro, antes te tenías que preparar: entrar, apagar la luz. Era un cambio completo. Pero hablar de esto ya  es demasiado prehistórico. Una ya está súper vieja y ha pasado por estos cambios.

¿Cómo fue para ti ese cambio?

Me costó el paso a lo digital. Estuve sin tomar fotografías casi dos años. Porque también lo que me perturbaba mucho era el color. A pesar de que todos te dicen ‘ponlo en blanco y negro’. Pero no es lo mismo, porque yo pensaba en blanco y negro. Entonces no es lo mismo hacer la gracia, apretar una tecla y saturar todas las formas que hay para trabajar en blanco y negro. He hecho un esfuerzo tremendo con la Leonora Vicuña que es muy generosa y experta con todo lo que sabe. Hemos visto todas las formas de convertir el color en blanco y negro.  Para qué te digo todas las horas que he tomado en eso.
¿Y cómo fue ese tránsito entre blanco y negro al color?

Siempre me perturbaba mucho el color. Es lo más simple que te puedo explicar. Pero ya que es así y no queda otra, lo hice igual. Aunque era bien raro ver fotografías mías en color. Me parecía extraño tomar ciertas decisiones sobre saturaciones que no me gustan. Me ha costado llegar a sentirme bien con el color.

¿Por eso optaste por recuperar las fotografías en color de La manzana de Adán recién ahora en tu nueva edición?

Esa es otra historia que es totalmente ajena al tema que estamos hablando. Cuando hice ese proyecto, eran tiempos en que aquí no había películas, no había nada. La dictadura estaba en pleno, y nosotros, todos los de la AFI, recibíamos regalos de los fotógrafos que venían desde afuera; nos daban un rollo de esto o de lo otro;  y era bienvenido el rollo que fuera… A mí el tiempo me pilló corta de película y seguí trabajando con unas diapositivas que me habían regalado, que a veces estaban vencidas;  pero no importaba nada, todo servía. Y todo ese material color yo lo mandé a revelar. Y ese es otro tema con el blanco y negro.  Como yo trabajaba con blanco y negro, nadie se metía en tus cosas. Tú tomabas las fotos, revelabas y copiabas. Y con el color mandé a revelar esas películas a un boliche que había, y me las rayaron a propósito, era  como una doble censura. Había tanta censura, y más encima, tuve la mala suerte de que estos imbéciles tuvieran una opinión ¡rayándome la película! Salvé mucha película, pero también yo no sé si las películas estaban vencidas, o los laboratorios estos eran muy malos… Todos los horrores que pasaban con las diapositivas eran terribles. Te decían ‘se echaron a perder sus películas, pero aquí tiene dos rollos’.  Eso era lo que pasaba con trabajos que uno hacía. En este caso yo había guardado todas esas fotos. Y cuando hice la primera edición jamás se me ocurrió, porque tampoco había cómo, era sumamente difícil, incluir ese material. Esa es la historia. Entonces ahora se puede escanear súper bien esa película. Hay expertos que van a trabajarlas recuperando bien el color. A todo el mundo le encantó el “color ochentero”. La gallada joven destaca eso: el color ochentero.

¿Qué opinión te merecen las nuevas resoluciones, el HD de la imagen actual?

Es tan terrible el HD y esos colores, todo tan en foco, como dibujado… Para mí es demasiado terrible. Por eso para mí fue un alivio ver que todo lo que salió en esa edición es más fiel a lo que yo hacía. Además como el libro tenía un financiamiento detrás, no había límite. Entonces encontré algunas fotos que ni había mirado, y como ahora estaba esta posibilidad de recuperación de los colores, fue un lujo poder incluir incluso algunas fotos en blanco y negro. Así que fue un gran alivio.
¿Esta vez te gustó ver tus fotografías en color?

Es que era una parte de ese trabajo. Fue una sorpresa revivir un mundo maravilloso que fue la parte de Talca. Fue muy entretenido. Yo lo he pasado estupendo mirando mis fotos.

Fotografía de Valentina Montero
Los trabajos que se presentarán en la Bienal de Venecia son:

El infarto del Alma

Fotografías  de Paz Errázuriz y textos de Diamela Eltit, en el que se aborda el cruce entre amor y locura. Los protagonistas son parejas de pacientes internos del Hospital Psiquiátrico Doctor Philippe Pinel de Putaendo.

La Manzana de Adán

Trabajo de investigación realizado por Paz Errázuriz y la periodista Claudia Donoso, quienes indagaron en la relación entre una madre y sus dos hijos travestis.

La Manzana de Adán motivaría la realización de la obra de teatro que lleva el mismo nombre. En 2014 la fundación AMA financió la reedición del libro incluyendo material inédito.

La Luz que me ciega

Proyecto de Paz Errázuriz y la poeta Malú Urriola, donde se mezclan la fotografía, el video documental, el videoarte digital, la música y la escritura poética para reflexionar y cuestionar el tema de la mirada, sus alteraciones y su eventual pérdida. Este trabajo se inspira en un grupo de personas que sufren de una enfermedad genética congénita llamada acromatopsia, que consiste en ver en blanco y negro.

Link  Paz Errázuriz: http://www.pazerrazuriz.cl/

1. Rectificación:

La artista Mónica Bengoea participó de la Bienal de Venecia en el año 2007. http://universes-in-universe.de/car/venezia/esp/2007/tour/latam/img-11.htm

2. Rectificamos  a pedido del fotógrafo Luis Poirot, que “en el año  1974 la Bienal dedicó su edición a Chile e invitó a los artistas plásticos exilados en Europa a participar con pinturas públicas en  las plazas de Venecia. Participaron Roberto Matta, José Balmes, Arestizábal, entre otros. Desde Alemania vino el compositor Gustavo Becerra a estrenar una obra en el Teatro “La Fenice” , Isabel Parra estreno un recital junto al conjunto Inti Illimani. Junto a un fotógrafo italiano expuse fotos de gran tamaño en lugares públicos de la ciudad”

Valentina Montero P.:Periodista, licenciada en Estética, Máster en Comisariado en Arte y Nuevos Medios. Trabaja como profesora, curadora e investigadora sobre arte contemporáneo especializada en fotografía y artes mediales.  Ha publicado artículos en  Leonardo Almanac, Revista Aisthesis, Artnodes Journal, entre otros. Autora del libro “By the reason or by force”, Editorial Doormats, 2013

El Anatsui: León de Oro a la trayectoria en la Bienal de Venecia

El Anatsui fue nominado León de Oro por su Trayectoria Artística por la 56a Exposición Internacional de Arte de la Biennale di Venezia – All the World’s Futures.

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El reconocimiento será otorgado al artista el 9 de mayo 2015 en Ca’ Giustinian, la sede histórica de la Biennale di Venezia, durante la ceremonia de premios e inauguración de la 56a Exposición Internacional de Arte.

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La decisión fue tomada por la Junta de Directores de la Bienal presidida por Paolo Baratta, siguiendo la recomendación del Curador de la 56a Exposición Internacional de Arte Okwui Enwezor. Declaraciones al respecto:

“Nacido en 1944 em Anyako, Ghana, se estableció en la ciudad universitaria de Nsukka en Nigeria desde 1975, El Anatsui es quizá el artista africano vivo más significativo trabajando en su continente en la actualidad. El premio, para el que lo estoy recomendando es un honor muy importante hacia un artista que contribuyó inmensamente al reconocimiento de los artistas contemporáneos africanos en el mundo global. Es también un merecido reconocimiento a la orginalidad de su visión artística, su compromiso a largo plazo con la renovación formal a través de su trabajo y la inserción, a  partir de su obra, de las raíces de la cultura y la tradición africana en el arte contemporáneo internacional. El León de Oro reconoce no sólo su reciente éxito internacional sino también su influencia artística entre dos generaciones de artistas trabajando en Africa.
El preen es también un reconicimiento a su trabajo sostenido y crucial como artista, mentor y maestra durante los últimos cuarenta y cinco años”.

Mona Hatoum: Desde afuera

Mona Hatoum es palestina aunque nunca pudo residir en el territorio de su familia. Sabe del desarraigo, de la necesidad de sacar documentos de identidad año a año por ser considerada siempre extranjera, sabe de las violencias de su pueblo y de su género y con ese material construyó una obra en la que los límites entre adentro y afuera, público y privado, real u onírico son estrategias móviles que provocan a quien mira a preguntarse, justamente, desde qué lugar se mira. Por primera vez en Buenos Aires, Over my dead body –sobre mi cadáver–  puede verse en Proa.

La obra de la artista palestina residente en Londres, Mona Hatoum, llega a Fundación Proa desde la Pinacoteca de San Pablo, en un nuevo esfuerzo conjunto de ambas instituciones de traer artistas que marcan la historia del arte de nuestro tiempo. Over my dead body (que podría traducirse como “sobre mi cadáver”) es el nombre de la exhibición que atraviesa distintos períodos creativos de la artista.

Hatoum, quien nació en 1952 en Beirut en el seno de una familia palestina, se mueve en un espacio creativo fronterizo entre la poética y la política a través de distintos soportes de un rango bien diferente: trabaja tanto con instalaciones como con escultura, video, fotografía y obras en papel.

Sin embargo empezó su carrera realizando videos viscerales y performance en los ‘80, que se concentraban en el impacto de los cuerpos sobre la mirada de lxs otrxs. Desde principios de los ‘90 su trabajó comenzó a expresarse a través de instalaciones a gran escala que tenían como objetivo comprometer al espectador en emociones conflictivas de deseo y repulsión, miedo y fascinación. En estas singulares esculturas vivas, Hatoum comenzó a transformar objetos cotidianos, domésticos y familiares tales como sillas, utensilios de cocina o herramientas en objetos extraños por sus nuevas dimensiones, obras que generasen extrañeza y amenaza a la vez. La misma intención la aplicó a las nuevas obras de estos últimos años en la actualización de sus videos tempranos, donde trabaja con un procedimiento de rastreo de su propio cuerpo y de otros cuerpos femeninos cercanos, como el de su madre. Así, de la performance confrontativa su trabajó se transformó en una herencia del minimalismo y conceptualismo, de la mujer que seguía como biblia las bases del feminismo a heredera de Duchamp y todo eso junto arman la obra que por estos días comienza a verse en Proa.

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Daybed, 2008, Sofacama. Acero con acabado negro.

“Durante mis dos primeros años en la escuela de artes en Londres, experimenté con diferentes formas de la pintura –explica Hatoum– hasta terminar haciendo obras de expresionismo abstracto. Durante un tiempo hice un montón de cuadros enérgicos, gestuales, y a veces trabajaba toda la noche, hasta sentir que me había purgado de todo lo que había que purgar y ya no podía pintar más. Después, descubrí a Duchamp y el arte conceptual y al mismo tiempo empecé a experimentar con materiales y formas geométricas simples, que me condujeron al minimalismo. Pienso que esto coincidió con mi iniciación en la meditación, por pura lógica, ya que la práctica de la meditación parecía estar dándome cierta tranquilidad y claridad mental. Trabajé mucho tiempo con estructuras minimalistas, como el cubo y la grilla. Más tarde, tras muchos años de hacer performances y videos que involucraban cuestiones narrativas y políticas, volví a utilizar ciertos elementos asociados con el minimalismo en mis instalaciones y esculturas, como la serialización, la repetición y la geometría del cubo, pero ya no como estructuras formales abstractas. Esas formas hacían referencia a situaciones de la vida real. La grilla o el cubo se convirtieron en una barrera o una jaula, y la obra se convirtió en una referencia al confinamiento, el control y la vigilancia; y finalmente, a la arquitectura de una prisión. (…) Mi contacto con el feminismo y especialmente con el discurso alrededor de psicoanálisis y feminismo me llevó a analizar mi relación con mi madre, y el resultado fue la obra Measures of Distance (Medidas de distancia). Pero nunca pensé el feminismo como algo aislado de las cuestiones de clase, raza y postcolonialismo.”

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Over my dead body, 1988-2002. Sobre mi cadáver. Fotografía. Tinta inkjet sobre PVC. Copia de exhibición

Desterrada de Haifa durante la guerra, esta palestina nómade ya adolescente fue a vivir a Londres, donde un trabajo esperaba a su padre, y allí se quedó, sintiéndose siempre palestina, a la espera de una tierra prometida que no llega.

Ella se mueve por el mundo y así se mueve también su obra donde las marcas de la velocidad y la mutación permanente son claves que debe añadir nuestra mirada.

“Provengo de una familia palestina que tuvo que vivir con el trauma del desarraigo y la pérdida de su hogar –continúa Mona en una entrevista realizada por Chiara Bertola, curadora de la muestra–. En 1948, cuando los combates se iban acercando a la ciudad costera de Haifa, donde vivían mis padres, ellos decidieron escaparse al Líbano, donde solían pasar las vacaciones de verano. Nunca pudieron volver a su país. Joseph, mi padre, era oriundo de Nazaret, y mi madre, Claire, de Acre. Tras terminar sus estudios en El Cairo, mi padre tuvo varios trabajos en el puerto de Haifa, donde mi abuelo era propietario de algunos silos de granos. Palestina estaba bajo dominio británico y mi padre fue escalando gradualmente hasta el cargo más alto que un árabe podía alcanzar: director de aduanas, segundo al mando del funcionario británico. Cuando mis padres terminaron viviendo en el Líbano, como mi padre había sido empleado público para el gobierno británico de Palestina, le ofrecieron un puesto en la embajada británica en Beirut, donde trabajó durante el resto de su vida laboral. Tras la creación del Estado de Israel, los documentos de identidad palestinos de mi padre perdieron validez, y a mi padre le dieron la oportunidad de naturalizarse como ciudadano británico, en 1949. Nací en Beirut unos años más tarde, la menor de tres hermanas. Mis padres querían un varón, y a pesar de que su deseo no les fue concedido, terminé llamándome Mona, que en árabe significa ‘deseo’. (…). A los palestinos no se los alentaba a integrarse a la sociedad libanesa, así que nunca se les daban documentos de identidad del Líbano. Debido al status de extranjeros de mi familia, teníamos que renovar nuestros permisos de residencia cada año, y era muy difícil conseguir permiso para trabajar. Todo eso no ayudaba para nada a generar un sentimiento de pertenencia”.

Nomadismo más que desarraigo es lo que transmite su obra. Así en la sala de dos columnas de Proa podrá apreciarse una instalación por la que una cámara de video es colocada en la calle y en el interior se podrá ver lo que sucede en ella. Cámara espía pero también integradora de dos espacios divididos por la fronteras que son las paredes, otros muros al muro que separa la Franja de Gaza con Israel. Se trata de la gran videoinstalación Ventana (2014), que se extiende a lo largo de la mitad de la pared lateral y que espera determinar la sensación de que todas las obras exhibidas en la sala –versiones nuevas de obras tempranas y nuevas instalaciones site-specific– forman parte de una misma historia. La cámara externa captura en tiempo real todo lo que ocurre en la calle exterior al museo, cuyas imágenes son proyectadas en el interior. “La calle, con sus ruidos, sus transeúntes y su energía invade el interior del espacio del museo, abriéndolo inevitablemente al exterior, forzando a las obras a interactuar y resonar en el interior. De esa forma, la artista instala una estrecha relación entre interior y exterior, conectando el tiempo suspendido y fosilizado del museo con tiempo vital y rítmico de la ciudad. Inevitablemente, también cambia nuestra percepción de cada obra considerada de manera individual”, explica la curadora Chiara Bertola.

La obra de Hatoum muchas veces remite a lo fronterizo y muchas veces lo hace con humor. Así lo realiza en el poster gigante que da nombre a la muestra, Over my dead body. Allí vemos un retrato de perfil de Mona con un pequeño soldado, un soldatito de juguete, apuntando a su entrecejo. Ella lo mira amenazante y el soldado pierde toda la ferocidad de su acción y su arma poderosa semeja un escarbadiente oscuro. Mediante el juego Hatoum parece querer contarnos en esta imagen sintética la historia de una lucha desigual.

Soñando juntos es una nueva instalación que se colgará entre cuatro de las columnas de la sala. Sugiere tanto un hogar inverosímil o una estructura espacial sobre la que cuelgan, como prendas de ropa, fundas de almohada bordadas. Esta estructura está llena de rastros de voces y sonidos, y poblada por la presencia de sus habitantes. Nos toparemos, más adelante, con una versión site-specific de su tan conocida instalación Ahogando penas, cachaca. Esta obra consiste en una cantidad de botellas de vidrio cortadas por la mitad en diferentes ángulos y colocadas en círculo en el piso, donde parecen flotar como si estuvieran en un charco de líquido con sus cuellos y sus fondos emergiendo del piso. Los reflejos de luz que desprende el vidrio activan un sorprendente juego de sombras y transparencias. La circularidad de la obra evoca un mundo singular, arruinado y embriagado.

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Misbah, 2006-2007.Luminária. Luminaria de chapa, cadena de metal y motor eléctrico

Toda la sala está repleta de historias, que giran en torno de la colisión entre lo externo y lo interno, lo real y lo imaginario, lo público y lo privado, lo racional y lo onírico, lo micro y lo macro. Muchas fronteras, una única frontera quizá siempre metaforizada en su obra. Y en éstas, casi como una obviedad se destaca el gran Biombo realizado con tres ralladores a gran escala. Nada más claro que un biombo para separar dos espacios que en el fondo son sólo uno.

Hatoum creó de esta manera las condiciones en las que una obra se abre más allá de los límites, más allá de una ventana, para ingresar en un paisaje en el que ocurren otras cosas: la descripción de un límite pero también la posibilidad de atravesarlo. En palabras de la artista: “También está la idea de la transformación continua de la realidad como algo que debemos aceptar. Las fronteras cambian, las ciudades son modificadas por las guerras, la geografía evoluciona, todos los días se destruyen hogares y vidas. Crecí con esa sensación de dislocación debido a la historia de mi familia y el hecho de encontrarme varada en Londres cuando tenía poco más de 20 años, una nueva instancia de dislocación. Eso parece conferirle a mi obra un sentido de inestabilidad”.

Publicado originalmente en el suplemento Las 12 de Página 12 el 27 de marzo de 2015

Esperando a Marina Abramovic: Su agenda en Buenos Aires

El 28 y 29 de abril de 10 a 18hs, en el marco de la Bienal de Performance de Buenos Aires, tendrá lugar el Workshop Método Abramović (sólo para mayores de 14 años) en el Centro de Experimentación de la Universidad Nacional de San Martín. La entrada es gratuita. Se podrá ingresar en cualquier momento (sujeta a capacidad del espacio) y permanecer en el recinto tanto como se desee. Sin inscripción previa.

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Para el Encuentro con Marina Abramović el 27 de abril la inscripción se abre el 20 de abril. Las inscripciones para las performances que así lo requieran se harán en www.bp15.org. Cada performance tiene abajo la fecha en la que se abre la inscripción. Hay algunas que son sin inscripción previa como el workshop del método Abramovic.

 

 

24 fotógrafos x 365 días

El proyecto web 24 fotógrafos cubriendo las 24 horas durante 365 días nace con la coordinación de la fotógrafa Veronica Romanenghi que cuenta a jaquealarte.com, la génesis del mismo que empezó a funcionar oficialmente el 1 de abril. Nos dice Romanenghi: “La ciudad nunca duerme, siempre hay alguien despierto que nos cuenta dónde está y cual es su punto de vista. La idea de este proyecto es contar con la mirada de 24 fotógrafos que en un día generen 24 fotos entre todos. El desafío es que cada uno en la hora que le corresponde genere una foto que estará colgada en la web del proyecto durante una hora.

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Cada fotógrafo tendrá su usuario y contraseña para poder subir en el momento la foto (se puede usar desde celulares lo que facilita la actualización). Las horas que le corresponden a cada uno van cambiando día a día, por ejemplo si hoy a uno le toca a las 3 pm, mañana será a las 4 pm y pasado a las 5 pm y así sucesivamente.

image_37_2015-04-02Sergio Panigo, 2/04/2015, 13.54.09

Si alguien no cumple con la hora que le corresponde su lugar queda vacío, es por eso que si alguien quiere sumarse al proyecto la única condición es que se comprometan a aportar material al menos durante un mes. ¡Si quieren seguir más tiempo, mejor! Si alguien sabe que a la hora que le toca no va a poder cubrirla debido a un viaje o que no va a tener acceso a internet lo puede avisar y se le asigna otra hora. La web es una gran vidriera para todos los que participen ya que va a contar con un buscador que permite ver el trabajo de cada fotógrafo en particular y cuenta con la posibilidad de que cada fotógrafo tenga su perfil en donde podrá colocar su página personal, además de poder agregar al CV de cada uno que están participando de este proyecto”. Este es el link http://www.24×365.com.ar desde donde se puede ver cómo funciona la página y lo ya subido hasta ahora. También se puede participar desde cualquier parte del mundo. Interesados remitirse al contacto de la página o al mail de Verónica: verónicaromanenghi@gmail.com

Rafaël Rozendaal: El lado suave de la tecnología

Treinta millones de visitantes únicos -30.730.587 para ser exactos- vieron los sitios web del artista visual Rafaël Rozendaal sólo en 2014. El número dice mucho sobre el alcance del arte en la era de Internet pero también pone de manifiesto el atractivo de su obra. Para Soft Focus, la muestra que Rozendaal (1980, holandés-brasileño, vive y trabaja en Nueva York) presenta hasta el 10 de mayo en MU, un espacio ubicado en Eindhoven (Países Bajos), el artista ha desarrollado una nueva obra que se proyecta en una habitación amueblada, para llamar nuestra atención sobre el lado suave de la tecnología.

Rafaël Rozendaal, Soft Focus, vista de la instalación en MU,  Eindhoven, 2015. Foto: Boudewijn Bollmann. Cortesía: MU

Rafaël Rozendaal, Soft Focus, vista de la instalación en MU,  Eindhoven, 2015. Foto: Boudewijn Bollmann. Cortesía: MU

Rafaël Rozendaal, Soft Focus, vista de la instalación en MU,  Eindhoven, 2015. Foto: Boudewijn Bollmann. Cortesía: MU

Rafaël Rozendaal, Soft Focus, vista de la instalación en MU,  Eindhoven, 2015. Foto: Boudewijn Bollmann. Cortesía: MU

Rafaël Rozendaal, Soft Focus, vista de la instalación en MU,  Eindhoven, 2015. Foto: Boudewijn Bollmann. Cortesía: MU

Rafaël Rozendaal, Soft Focus, vista de la instalación en MU,  Eindhoven, 2015. Foto: Boudewijn Bollmann. Cortesía: MU

Rafaël Rozendaal, Soft Focus, vista de la instalación en MU,  Eindhoven, 2015. Foto: Boudewijn Bollmann. Cortesía: MU

Rafaël Rozendaal, Soft Focus, vista de la instalación en MU,  Eindhoven, 2015. Foto: Boudewijn Bollmann. Cortesía: MU

Rafaël Rozendaal, Soft Focus, vista de la instalación en MU, Eindhoven, 2015. Foto: Boudewijn Bollmann. Cortesía: MU

Rafaël Rozendaal, Soft Focus, vista de la instalación en MU,  Eindhoven, 2015. Foto: Boudewijn Bollmann. Cortesía: MU

Rafaël Rozendaal, Soft Focus, vista de la instalación en MU,  Eindhoven, 2015. Foto: Boudewijn Bollmann. Cortesía: MU

Rafaël Rozendaal, Soft Focus, vista de la instalación en MU,  Eindhoven, 2015. Foto: Boudewijn Bollmann. Cortesía: MU

El arte digital es novedoso, es luz, es abierto, barato y libre. Rozendaal no lleva a cuestas el peso de la historia. No sufre de estrés, no tiene jefe, ni presupuesto, ni fechas límites, ni demasiadas complicaciones. Dicho así, suena maravillosamente libre de obligaciones, pero entretanto su obra puede ser vista más bien como una investigación continua y consistente de la representación gráfica y simbólica de la realidad. Un proceso de simplificación, estilización y abstracción, de sentir la esencia de las cosas, que pasa del papel a la pantalla del computador en el año 2001. La pantalla ha sido su medio desde entonces. Rozendaal hace animaciones limpias, aparentemente sencillas que se integran a la perfección en la ventana del navegador en cualquier tamaño de pantalla: obra de arte y sitio web siempre coinciden.

Obviamente, con sus referencias a Warhol, Duchamp o Mondrian, el trabajo no está del todo exento de historia, y Rozendaal se refiere también a otros artistas de Internet como Austin Lee y Jodi, el colectivo de artistas formado por Joan Heemskerk y Dirk Paesmans que causó sensación a partir de 1996 con sitios web que hacen a los visitantes conscientes del mundo codificado detrás de la pantalla. Rozendaal negoció su primer sitio, whitetrash.nl, por el yt-rtyuiop.org de Jodi.

Rozendaal cree que las personas pueden beneficiarse del arte. Para él es importante que los sitios sean accesibles desde todas partes del mundo y en todo momento. Al poner en venta los nombres de sus dominios también ha encontrado una respuesta a la recurrente pregunta de cómo ganarse la vida con el arte digital en la era de la reproductibilidad infinita: el contrato estipula que las obras permanecen en línea y son de libre acceso. La única indicación de que un sitio web se ha vendido es el nombre del propietario en el título del sitio.

Rafaël Rozendaal http://www.homagetothe.com/

Rafaël Rozendaal  http://www.randomfear.com/

Rafaël Rozendaal http://www.stagnationmeansdecline.com/

Rafaël Rozendaal http://www.papertoilet.com/

Movida en Twitter con los museos del mundo

Desde Argentina, ya sumaron su participación el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA), el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba), Fundación Proa, el Museo de la pasión Boquense y el Museo Provincial de Bellas Artes Rosa Galisteo de Rodrí­guez de Santa Fe, entre otros.

La idea de este encuentro cultural y virtual organizado del 23 al 29 de marzo por la red social Twitter invita a jugar durante siete días con siete etiquetas diferentes y una conversación intercultural baja un solo hashtag #MuseumWeek.

550daed629831_260x179“Con Twitter, se puede difundir como nunca antes. Nuestro objetivo es eliminar las barreras y dejar que el contenido fluya”, dijo días atrás el CEO de Twitter, Dick Costolo, durante el lanzamiento formal de este evento en el que los museos del mundo abrirán virtualmente sus puertas.

De esta manera, el lunes próximo será el día del hashtag #secretsMW , para que los museos participantes cuenten al público el día a día de la institución, la cocina o el “detrás de escena”, mientras que el martes, bajo la etiqueta #souvenirsMW, el público podrá compartir recuerdos de su visita, como objetos, fotos, imanes, tazas, libros, postales, en un guiño a las tiendas del museo.

Para contar la historia del edificio, sus jardines, el barrio o los lugares emblemáticos será, el miércoles, el turno de #architectureMW, mientras que el jueves, con #inspirationMW se busca animar al público a mirar a su alrededor, a contar qué los inspira.

El viernes 27, los museos del mundo, así como los visitantes podrán postear bajo el hashtag #familyMW, que se enrola en la oferta de actividades para todas las edades.

Finalmente, sábado y domingo será la hora de las etiquetas #favMW para que los usuarios cuenten lo que más les gusta del mundo, y #poseMW, para invitar a los visitantes a utilizar el museo como el telón de fondo de un gran escenario.

#MuseumWeek es una actividad gratuita y abierta a cualquier institución, en cualquier lugar del mundo: los museos, fundaciones, galerí­as de arte y otros pueden inscribirse en el sitio web oficial del evento museumweek2015.org.

“Desde MALBA nos sumamos porque la estrategia digital es central en la comunicación del museo. Las redes no solo nos permiten comunicar y difundir lo que hacemos, si no crear comunidad y ampliar el espacio público del museo al mundo virtual. Este tipo de propuestas facilita el vínculo de ida y vuelta con el público general y también con colegas y profesionales del campo del arte y de los museos para compartir experiencias y aprendizajes”, explicó a Télam Guadalupe Requena, a cargo de la comunicación del museo.

“Es la oportunidad ideal para las instituciones abran sus puertas virtuales y que tanto visitantes como trabajadores puedan interactuar e intercambiar imágenes, secretos, recuerdos, anécdotas y momentos vividos dentro de las salas y entre las obras de arte. Y en nuestro caso, una gran oportunidad de compartir con ustedes la previa de la exhibición de Mona hatoum”, cuentan, por su parte, desde Fundación Proa, en su sitio web.

Por Argentina también participan el Museo Provincial de Ciencias Naturales “Dr. Angel Gallardo”, el Museo Provincial de Ciencias Naturales “Florentino Ameghino”, el Parque Arqueológico de Santa Fe y el Museo de Arte Contemporáneo de la Provincia de Buenos Aires (MAR) de Mar del Plata.

El público se podrá sumar a esta movida viral utilizando la etiqueta#MuseumWeek y siguiendo a @MuseumWeek, que además incluye una cápsula del tiempo que registrará el evento.

La cápsula del tiempo archivará todos los Tweets emitidos sobre #MuseumWeek 2015 y se cerrará al final de la semana para, posteriormente, ser exhibida en diferentes museos hasta la ceremonia de apertura, que tendrá lugar en 2035, como testimonio de este evento para futuras generaciones.

Otros espacios que participan son la Fundación Jumex Arte Contemporáneo de México, el Museo Botero de Colombia, el Museo de Arte Moderno de México, por Latinoamérica; así como el Museo del Louvre, el Museo d’Orsay, el Centro Pompidou y el Palacio de Versalles de Francia, por Europa, por mencionar solo algunos ejemplos.

Fuente: Telam

En breve: Lestido en Rolf Art

A partir  del viernes 27, Rolf Art presenta la exhibición individual de  Adriana Lestido llamada México.

Adriana Lestido, Hierve el agua, Oaxaca, 2010, toma directa, gelatina de plata sobre papel baritado, 38,5x58cm, ed. 15 AP en altaLa muestra cuenta con la curaduría de la crítica Adriana Lauria e indaga sobre una investigación que la fotógrafa llevó a cabo en tierras mexicanas.  Allí retrató con su reconocida sensibilidad los distintos paisajes de los bosques aztecas.

_Durango_dia_2_,_2010,_toma_directa?= , gelatina de plata sobre papel baritado, 24x37,5cm, ed. 15+AP altaEn el recorrido visual se nos muestra las distintas formas de apropiación del espacio, por parte del hombre y por parte de la naturaleza, así como las diferentes formas de vida que habitan allí.

En Posadas 1583, PB A a partir del 27.

Día de la Mujer: Bjork llena los 4 pisos del MoMA

 

El arte multifacético de Björk llegó al Museo de Arte Modermo de Nueva York en forma de retrospectiva. La muestra abre sus puertas hoy, domingo 8 de marzo coincidentemente con el Día de la Mujer, y guía al visitante por la vida y obra de la cantante y actriz islandesa, que nació en Reikiavik en 1965, comenzó a componer desde que era niña y lleva vendidos más de veinte millones de discos.

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  Videoclips, diarios -primero en islandés y luego en inglés-, textos, composiciones, fotografías y vestuarios de todo tipo son parte de la muestra e ilustran el carácter polifacético de Björk.

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 La exposición ya se encontraba en la agenda del MoMA desde mediados del año pasado, mucho antes de que la artista lanzara “Vulnicura”, su último disco. El curador alemán Klaus Biesenbach persiguió durante años a Björk hasta que ella accedió a la propuesta. “No le gusta volver la vista atrás”, afirmó Biesenbach durante la presentación de la muestra a los medios. “Así que le dije que sería una retrospectiva hacia el futuro, una exposición que mostrara dónde estará dentro de tres años”.

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“En el año 2000 le pregunté a Björk, por primera vez, si había considerado hacer una exhibición en el mundo del arte contemporáneo”, contó Biesenbach, e indicó que Bjork le propuso un desafío: “Tratá de hacer una exhibición, un museo visual, que sea primordialmente sobre música”.

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“Björk es una artista extraordinariamente innovadora cuyas contribuciones a la música contemporánea, el video, el cine, la moda y el arte han tenido un impacto mayúsculo en su generación alrededor del mundo”, resaltó Biesenbach, que definió a la muestra como “un recorrido, tanto biográfico como imaginativamente ficcional”.

Aquí un avance de la muestra: