Discusiones

En días de aislamiento: hay otra alternativa al entretenimiento, el pensamiento

En esta última semana estuve leyendo y pensando mucho sobre el covit-19, además de leer posiciones de infectólogos de trayectoria, que avalan las medidas del gobierno pero no miden ni consideran el plano emocional ni la idea de supercontrol, -entre otros la australiana Kamalini Lokuge y la estadounidense Jennifer Nuzzo, del Centro Johns Hopkins para la Seguridad de la Salud, pensé  más alla de la salud, de la salud pública, pensando en la perpectiva política, económica y ecológica de este bicho minúsculo y desconocido. Además de advertir sobre la pandemia del pánico, probablemente tan peligrosa como el peor virus porque nos convierte en la peor versión de nosotros mismos, pensé:
«Supongamos que esto pasa en algún momento, me pregunto: ¿cómo vamos a habitar el mundo cuando llegue ese después?
No hay chances de volver a lo mismo: estamos preocupados x la salud y la muerte y es muy razonable. ¿Pero cómo llegamos aqui? Yo más que ver series, estoy pensando».
Es una reflexión política. Estoy segura que una era, la del neoliberalismo, está muriendo con altos costos.
¿Vamos a volver a vivir en un mundo ligeramente parecido al anterior? A este sistema que generó su propio asesino con una impunidad que no vio venir? Escucho, «cuando esto pase».¿ A qué supuesta normalidad nos vamos a dirigir?
Ver esta catástrofe como una oportunidad es un pensamiento que atraviesa a muchxs pensadores contemporáneos y otros hablan de un ataque sin ninguna fe en nuestras posibilidades de reacción.
Compartimos algunas ideas. Nada es definitivo. Además de ver series o hacer crucigramas, yo quiero pensar.
Dejo algunos fragmentos de textos que me parecieron motivadores para tener una perspectiva que vaya más alla del resguardo de la salud y que podría traer alguna respuesta a la pregunta que me sigue dando vueltas.
De Los diarios de Franco Berardi, publicados en Caja Negra Editora. En este enlace podés leer el texto completo. Elegimos su final, una conclusión esperanzadora:
«Existe una divergencia en el tiempo que viene: podríamos salir de esta situación imaginando una posibilidad que hasta ayer parecía impensable: redistribución del ingreso, reducción del tiempo de trabajo. Igualdad, frugalidad, abandono del paradigma del crecimiento, inversión de energías sociales en investigación, en educación, en salud.
No podemos saber cómo saldremos de la pandemia cuyas condiciones fueron creadas por el neoliberalismo, por los recortes a la salud pública, por la hiperexplotación nerviosa. Podríamos salir de ella definitivamente solos, agresivos, competitivos.
Pero, por el contrario, podríamos salir de ella con un gran deseo de abrazar: solidaridad social, contacto, igualdad.
El virus es la condición de un salto mental que ninguna prédica política habría podido producir. La igualdad ha vuelto al centro de la escena. Imaginémosla como el punto de partida para el tiempo que vendrá».
Del catalán, Santiago López Petit un texto contundente, que no da respiro: El coronavirus como declaración de guerra,  publicado en el sitio catalán Critic, del cual tomamos su hipótesis nodal y que podés leer entero en este enlace.
«Cada sociedad tiene sus propias enfermedades, y dichas enfermedades dicen la verdad acerca de esta sociedad. Se conoce demasiado bien la interrelación entre la agroindustria capitalista y la etiología de las epidemias recientes: el capitalismo desbocado produce el virus que él mismo reutiliza más tarde para controlarnos. Los efectos colaterales (despolitización, reestructuraciones, despidos, muertes, etc.) son esenciales para imponer un estado de excepción normalizado. El capitalismo es asesino, y esta afirmación no es consecuencia de ninguna afirmación conspiranoica. Se trata simplemente de su lógica de funcionamiento. Drones y controles policiales en las calles. El lenguaje militarizado recuerda el de los manuales de la contrainsurgencia: “En la guerra moderna, el enemigo es difícil de definir. El límite entre amigos y enemigos se halla en el interior mismo de la nación, en una misma ciudad, y en ocasiones dentro de la misma familia” (Biblioteca del Ejército de Colombia, Bogotá, 1963). Recuerden: la mejor vacuna es uno mismo. Esta coincidencia no es extraña, ya que la movilización total es sobre todo una guerra, y la mejor guerra —porque permanece invisible— es aquella que se libra en nombre de la vida. He aquí el engaño. Si la movilización se despliega como una guerra contra la población es porque su único objetivo consiste en salvar el algoritmo de la vida, lo cual, por descontado, nada tiene que ver con nuestras vidas personales e irreductibles, que bien poco importan. La “mano invisible” del mercado ponía cada cosa en su sitio: asignaba recursos, determinaba precios y beneficios. Humillaba. Ahora es la Vida, pero la Vida entendida como un algoritmo formado por secuencias ordenadas de pasos lógicos, la que se encarga de organizar la sociedad. Las habilidades necesarias para trabajar, aprender y ser un buen ciudadano se han unificado. Éste es el auténtico confinamiento en que estamos recluidos. Somos terminales del algoritmo de la Vida que organiza el mundo». La idea de la reducción de la vida a un algoritmo es avasallarte, sobre todo por su fundamentación.
La argentina Andrea Giunta posteó en su muro de FB, su punto de vista sobre estos días: «Responsabilidad es la palabra que tamiza la orden inadmisible cuatro días atrás de permanecer en las casas. Un disciplinamiento que el miedo instaura con uniformidad en el planeta. Respondiendo a Agamben, Sotiris se refiere a una biopolítica popular –en un artículo que me reenvía Julieta Hanono. El ejemplo es el sida. Comportamientos comunes se establecieron para cuidarnos como sociedad. Sabemos que durante los últimos cuatro años esas políticas del cuidado individual en función del cuidado colectivo y social se deterioraron. Sotiris evita anclarse solo en la palabra miedo y observa los cambios en las conductas globales como una política de la supervivencia. Invierte el análisis de Agamben. El “estado de excepción” no estaría señalado por las políticas sanitarias extremas, sino por el jubilado a la espera un respirador ante un sistema de salud colapsado.Foucault –nos recuerda Sotiris– propuso en sus últimos trabajos los conceptos de verdad y cuidado. Cuidado (auto cuidado, cuidado de los otros) y parresía, hablar con total franqueza, hablar con la verdad por el bien común. Cuidado y verdad como una forma de “combinar la atención individual y colectiva de manera no coercitiva”. Las reglamentaciones que actualmente priman sobre nuestros comportamientos, sobre nuestros actos y sobre los movimientos que realizamos resultan del diálogo democrático mediado por las instituciones, por las personas que están a su cargo y por el diálogo con los científicos. La urgencia es tal, me dice Gilberto Schwartsmann –médico cancerólogo que vive en Porto Alegre y director de la Fundacion Bienal Mercosul—que nunca vio que la comunidad científica comparta la información con tal velocidad y acceso. El celo sobre las investigaciones vinculadas a tratamientos y farmacología mercantiliza estos diálogos. Los artículos de Einstein sobre la teoría de la relatividad se leyeron tarde en Inglaterra porque la guerra (la primera) había eliminado el contacto con lo que se publicaba en Alemania. Las fronteras de la ciencia parecen por primera vez haberse democratizado.Una biopolítica democrática, una biopolítica popular, decidida por los órganos representativos, por sus líderes, y por las personas mismas, depositarias de una nueva soberanía urgente de la que depende la posibilidad misma de la vida. Hasta ayer eran 194.029 casos y 7873 fallecidos en 164 países con casos en el mundo. Los índices siguen siendo bajos si se los compara con las guerras o las catástrofes naturales o producto de la acción humana. Sin embargo, la amenaza no localizada, frente a algo que circula sin control, que no selecciona qué cuerpos se bombardean o a quienes se envía a la guerra, cuyas consecuencias no pueden ser administradas desde la ayuda humanitaria concentrada en espacio y tiempo, encendió una alarma mundial. Se acuerda políticas inadmisibles diez días atrás para el mundo “libre”».
Para un fin de semana, me parece un combo motivador.
Cuídense y también, sugiero, tomemos este tiempo para pensar sobre el mundo que viene, si logramos estar en él.
Obra de portada: Luis Camnitzer
 
 
 
 

Sobre el autor

Cristina Civale

Cristina Civale