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Fotos alrededor de una mesa

Por Daniel Merle*para jaquealarte.com

“Nunca miramos solo una cosa; siempre miramos la relación entre las cosas y nosotros mismos” John Berger

Hoy es 23 de abril y no es un día cualquiera para mí. Hace un rato estaba revisando los pocos objetos que dejó mi madre cuando murió hace cinco años. Al momento de su fallecimiento vivía en un asilo de ancianos. Ya no tenía pertenencias, salvo algunos objetos y fotografías que guardaba en dos carteritas de mano y un cuaderno Rivadavia donde anotaba sus pensamientos después de la muerte de mi papá en 1997.

Subido a una escalera (para llegar a la baulera donde guardo estos recuerdos) abrí el cuaderno de mi mamá en cualquier página: “Hoy 23 de abril se cumplirían 50 años de nuestro casamiento”, le decía mamá a mi papá muerto.

Lo que sigue en el escrito de mi madre no tiene relación alguna con el motivo de estas palabras que escribo, pero sí las fotos que acompañaban el cuaderno Rivadavia de mi mamá. Allí estaban las diferentes conformaciones de nuestra familia a lo largo de casi cuarenta años. Esas fotografías grupales simbolizaban para nosotros como para casi todo el mundo supongo, la idea de unidad, supervivencia e identidad del grupo familiar.

Pero las familiares no son las únicas fotos de grupo que podemos encontrar en esa historia de la fotografía (otra) que no se recopila ni se investiga ni se escribe, igual que las pocas imágenes que mi madre conservaba y que sí escribían su historia.

Siempre tengo presentes dos imágenes realizadas por grandes fotógrafos argentinos. Tal vez la más conocida sea Asado en Mendiolaza (2001) de Marcos López. Y otra, no tan difundida: Almuerzo en la estancia (ca. 1915) de Fernando Paillet, que desarrolló todo su trabajo en Esperanza, la principal colonia agrícola de la provincia de Santa Fe hacia principios del siglo XX.

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Asado en Mendiolaza (2001) de Marcos López

La fotografía de Paillet muestra a una ascendente burguesía. Estos hombres miran a la cámara, proyectando sobre el espectador la evocación de lo que ya constituye su pasado. El “esto ha sido” que refiere Barthes se manifiesta en estos rostros que nos miran. “Quién es mirado o se cree mirado levanta la vista. Experimentar el aura de un fenómeno quiere decir dotarlo de la capacidad de levantar la vista”, dice Barthes

La composición de “Almuerzo en la estancia” pone de manifiesto la sensibilidad artística Paillet, que elige un punto de vista en fuga para representar los personajes sentados alrededor de la mesa, e incluye en la toma tres elementos simbólicos de extrema importancia: a la izquierda, el capataz, alejado de los comensales permanece parado y con el sombrero puesto. Claramente no forma parte del almuerzo. A la derecha y por detrás del grupo, una pala y un tractor que simboliza la mecanización del trabajo agrícola. Por último, al fondo, en el extremo posterior de la mesa, se ve un fonógrafo, otro artefacto que hace referencia al progreso técnico y cultural de la burguesía.

fotos alrededor de una mesa

Fotografía de familia del autor

En la imagen de Marcos López solo el personaje central (de pie y a punto de cortar un chivito asado) es quien levanta la vista y nos mira. Los doce comensales restantes no parecen conscientes de la presencia del operador.

La identidad de los personajes de López no tiene importancia en tanto están representando valores colectivos asignados por el artista. La alusión al fútbol, la reunión de amigos varones, el asado, el sudor en los torsos desnudos, la damajuana de vino, el tetrabrick, la cerveza. Todos elementos que componen el estereotipo de un significativo ritual de la sociedad argentina. Esta parodia de la última cena sería premonitoria en nuestra historia.

Casi a mitad de camino en el arbitrario arco temporal trazado entre estas dos, inscribo una de las fotografías que encontré entre los recuerdos de mi madre. Es la celebración del 50 aniversario de casamiento de mis tíos abuelos maternos. Mi mamá posa, feliz, junto a ellos en la compañía de sus hermanas durante un momento de la fiesta. El escenario fue la vieja casa de los tíos en la avenida Caseros, con sus techos altos y sus pisos de madera crujientes. La foto la tomó mi primo Jorge, que fue quién, junto a mi papá, me introdujo a la afición por la fotografía antes de cumplir mis 14 años. Iba a ser la última foto de las siete hermanas juntas, y las únicas bodas de oro en toda la familia.

*Fotografo y editor, autor del blog Diario de un fotógrafo.

Fotografía de portada: Almuerzo en la estancia de Fernando Paillet

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