El artista

El objeto desencantado de Estanislao Florido

Más o menos así podría graficarse el mecanismo conceptual de la obra de Estanislao Florido: deconstruir, intervenir y reconstruir. Partir de la historia, de las narraciones clásicas. Repensar la tradición. Atravesar el relato con citas y links. Quebrar el orden y  unir las piezas de un modo nuevo. Como un científico del arte que busca lo desconocido dentro del orden establecido de las cosas. Las ideas se desarman y se vuelven a armar para ser otras, y aquí el dispositivo y la materialidad se vuelven fundamentales porque demandan ser tan moldeables y susceptibles de transformar como las ideas mismas. El artista define su obra así: “fronteriza, limítrofe, cercana a la pintura, a la animación digital. Me gusta plantearlo como una película que no es película y como una pintura que no es pintura. Me parece más simple definirla desde la negación. Yo no me considero un pintor exquisito ni un videasta de gran peso. Creo que circulo entre medio de ambos lenguajes”.

La muestra El objeto desencantado, que ahora mismo tiene lugar en la galeria Del Infinito, propone un viaje al pasado, a un encuentro con las formas dominantes sobre el universo del desnudo, motivo fundamental en la historia del arte. Las pinturas están protagonizadas en su mayoría por mujeres en grupo o en solitario, rodeadas de naturaleza o refugiadas en habitaciones y destilan un clima que remite a ciertas formas estéticas de fines del siglo XIX  comienzos del siglo XX. En el viaje algo se ha transformado. Estanislao Florido, con su gesto rupturista, nos invita a reconfigurar ese imaginario tan arraigado en nuestra mirada. La propuesta no es nueva, sino que es resultado de una investigación que el artista viene desarrollando y que toma como origen a las primeras películas pornográficos envueltas en la atmósfera de las vanguardias artísticas.

La deconstrucción de la historia del arte que se desprende de este trabajo es un espejo de la deconstrucción de Florido como pintor. Egresado de la Prilidiano Pueyrredón en 2001, poco a poco va relegando la pintura para abocarse a propuestas ligadas al uso de la tecnología, como el video y los programas de edición. Los dispositivos y soportes de la era digital son apropiados, en cierta medida, para cuestionar el valor de la obra de arte inmortal. Uno de sus primeros trabajos, Battlefields, da cuenta de ello. En ese caso, el artista utilizó los paisajes de Cándido López para recrear el movimiento en los campos de batalla. En este caso no se presentan videos porque la relación es inversa. Cada pintura es el resultado de un fotograma extraído de “Satario”, primer film pornogrpáfico realizado en el país, seleccionado y reinterpretado desde su su personal mirada.

La contemporaneidad  se hace presente a partir del trazo, de las composiciones, de las intervenciones extra diegéticas. La pincelada por momentos se evapora, se funde con el paisaje o el mobiliario y se desvanece. Algunas obras están atravesadas por figuras geométricas, como si en un mismo lienzo (o espacio) se superpusieran dos líneas históricas. Esas figuras vienen  a desacralizar el pasado representado en mujeres puras y a la vez impuras, que toman un baño, descansan sobre la hierba o posan para la cámara. En otros casos, formas orgánicas e indefinidas invaden las esquinas de los marcos, los rostros y llegan al suelo para agruparse como esculturas. Formas del mar, quizás como algas o medusas, son el contrapunto de las líneas rectas, los círculos y los triángulos que se entrometen en el cuadro. En ese ejercicio de descomposición y recomposición, de simultaneidad de formas y de tiempos, es en donde se hace evidente el guiño del artista. Florido ejecuta una intervención, a modo de científico que disecciona la naturaleza, sobre estilos legitimados por Picasso, Cézanne o Matisse. Intercede, y a su modo cuestiona, ese modo de ver.

El objeto desencantado, claramente perdió su encanto. La obra sublime se desvanece porque se ha desgarrado su manto aurático. Florido nos propone una reflexión sobre el tiempo y su carácter transformador, sobre la construcción, victoria y permanencia de determinados discursos por sobre otros periféricos. Su creación es el resultado de un ejercicio de abstracción ante el avance irremediable de la historia y los artefactos que va dejando a su paso. El espectador es invitado a un juego por demás ambicioso: el de dar lugar a nuevas re ediciones de las fábulas del arte.

 

Hasta finales de mayo en Del Infinito. Quintana 325. Buenos Aires.

Sobre el autor

Triana Lopez Baasch

Triana Lopez Baasch