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Entrevista a la artista mexicana Mónica Mayer, pionera feminista

Entrevisté a Monica Mayer en 2016 cuando el MALBA adquirió para su colección su obra “Lo normal”. Reproduzco la conversación que mantuvimos entonces y que publiqué en Página 12. La entrevista funciona como una introducción ideal para la charla que dará el 4 de julio en el museo presentando la obra adquirida.

Esto escribí y sobre esto conversamos entonces:

Mónica Mayer fue una de las primeras artistas visuales de Latinoamérica en poner en obra los principios del feminismo desde 1970. De esa época es su famosa instalación El Tendedero, donde justamente un tendedero de ropa itinerante gira por las calles para que las mujeres cuelguen una respuesta a una pregunta que va mutando con el tiempo y con el lugar donde se instala. Este último 8 de marzo El Tendedero giró por México en un esfuerzo por visibilizar y combatir el acoso callejero y la violencia de género, impulsada por Amnistía Internacional (AI). Así, las mujeres expresaron en breves mensajes su sentir ante esta violencia sorda cotidiana que sufren en el espacio público. En cuanto a Lo normal, obra patrimonio de MALBA, dice la artista: “Es una pieza interactiva que consiste en diez tarjetas postales sobre tabúes sexuales. En cada una de ellas estaba mi rostro con diez expresiones que iban desde el gusto hasta el horror y abajo un texto que imitaba la redacción de algunos tests de revista femenina en el que se le pedía al público responder a la pregunta de cada tarjeta trazando un círculo alrededor de la expresión correspondiente, sumar el resultado, restarle su fecha de nacimiento y, si el resultado era menor a 10 puntos (lo cual era imposible), la persona se podía considerar ‘normal’”.

–¿Qué fuiste primero: feminista o artista? ¿Cuándo tuviste tu epifanía para una y otra cosa?

Fueron procesos simultáneos. Estando en la escuela de arte, una compañera hizo una presentación sobre mujeres artistas, lo cual fue sorprendente porque en las clases de historia del arte jamás habían mencionado a ninguna, ni siquiera a Frida Kahlo. Al terminar, nuestros compañeros –supuestamente artistas progresistas y politizados– nos dijeron que las mujeres éramos menos creativas que los hombres porque la creatividad se nos iba en la maternidad. Yo ya sabía del feminismo, pero en ese momento me cayó el veinte y entendí que si no cambiábamos el mundo mejor me iba a mi casa a rascarme el ombligo porque mi trabajo no se iba a ver simplemente por el hecho de ser mujer. Para mí el arte feminista es un acto de defensa personal.

–¿Cómo, en el inicio de tu trabajo creativo, ideaste articular el feminismo en el arte, qué procedimientos o soportes fueron los que mejor consideraste que se adecuaban a tu objetivo?

La búsqueda comenzó por varios caminos. Por un lado, integro fotos del movimiento feminista a mis obras, así como mi propia imagen fotográfica, más en un afán de hablar en primera persona que de hacer autorretratos. Por ejemplo, hay una imagen que utilizo mucho, en la que estamos mi madre y yo en una manifestación haciendo el símbolo feminista con las manos o la pieza Lo Normal, en la que utilizo mis fotos, tendiendo un puente entre gráfica y performance. También empecé a buscar un contenido desde lo formal, integrando a mi trabajo elementos tradicionalmente femeninos, como los tejidos, el tendedero o las recetas. Por último, hago piezas efímeras, de carácter no-objetual, como El Tendedero que integran arte y activismo. Este tipo de trabajos ya plantean ideas feministas desde lo temático, lo formal, la estructura participativa y su distribución. A la distancia puedo ver esto con claridad, pero en ese momento eran planteamientos más intuitivos que teóricos.

–¿Cuáles son tus estrategias para modificar/alterar o poner en estado de alerta los procedimientos e iconos visuales de la sociedad patriarcal?

Como buena artista setentera, asumí dos ideas: que lo personal es político y que no hay distancia entre arte y vida. Esto me ha permitido situar mi práctica desde una lucha cotidiana que busca cambiar las ideas patriarcales interiorizadas y las que me rodean, incluyendo las de un sistema artístico sexista hasta el tuétano. Una vez definido el objetivo, las estrategias han sido múltiples: la denuncia, el humor, las complicidades, el afecto y el gozo, la investigación, la pedagogía, el trabajo colectivo, el archivo y la visibilización del trabajo de las artistas.

–Lo normal es la obra adquirida por el MALBA. ¿Qué normalidad hay que combatir o aceptar? ¿Qué implica para ti “lo normal” y por qué el eje está en lo sexual-amoroso?

La pieza cuestiona la idea de que existe la normalidad y la forma en la que los medios de comunicación masiva tratan de moldear nuestro comportamiento sexual. Si se fijan, es una invitación a reaccionar a las distintas afirmaciones en las tarjetas, y, como si fuera un “test” de revista femenina, sumar las cifras de acuerdo a la respuesta para definir si somos o no “normales”. Le guste a una todo o lo rechace todo, el resultado siempre es el mismo: nadie es “normal”. La pieza es una invitación a no dejar en las manos de otros la forma en la que nos definimos y nuestras ideas sobre la sexualidad. Para mí, lo normal es/sería cuestionar constantemente lo que es normal.

–Salvo excepciones de colectivos de artistas, el/la artista suele expresarse desde su exclusiva subjetividad. Tú elegiste crear con otras y crear en comunidad: ¿De qué modo esto enriquece al arte y a la vida?

De hecho, como soy golosa, tengo obra muy personal, hecha desde la intimidad, pero también colectiva. Sin embargo no son tan diferentes puesto que el trabajo colectivo siempre es el encuentro con otras personas que están en búsquedas subjetivas similares. Si abordo temas como la maternidad, el acoso, el sistema artístico o la memoria, es porque me son de vital importancia y procuro trabajar con personas para quienes también lo son.

–El Tendedero es una obra que se renueva constantemente. Volviste a montarla para este 8 de marzo. ¿Hoy cuál sería la pregunta más urgente que deberíamos contestar, qué respuestas tienen que ser sopesadas?

En meses recientes El Tendedero ha estado muy activo en espacios educativos, de arte, de activismo. Aunque las preguntas generalmente tienen que ver con acoso sexual, cambian de acuerdo a cada comunidad o situación. No es lo mismo hablar del acoso en el transporte público que en una escuela secundaria, pero ambos temas son urgentes para quienes lo están padeciendo. A partir de la pieza en mi reciente exposición en el MUAC, se me antoja hacer un tendedero para preguntarles a los hombres cuándo y cómo les enseñaron que era apropiado acosar a las mujeres. Creo que las mujeres hemos ido entendiendo cómo fuimos educadas para aceptar todo tipo de violencias como algo normal y hace falta escuchar a qué procesos están sometidos los hombres o qué mensajes reciben que empujan a algunos a ser violentos para probar su masculinidad.

–¿Qué significa en este momento de tu carrera la reciente retrocoletiva que tuvo lugar en el MUAC de México DF?

Por cierto, el término retrocolectiva lo acuñó María Laura Rosa, historiadora del arte feminista argentina cuando le comenté que me harían una retrospectiva y dijo que con tanto trabajo colectivo, participativo y en colaboración, se necesitaba otro término. La muestra la curó Karen Cordero, cómplice de muchas batallas de arte y feminismo desde los años 80 y fue una delicia trabajar con ella porque para ambas era importante que la curaduría e incluso la museografía reflejaran planteamientos feministas. Así mismo, para ambas era claro que la exposición no era un fin, sino un medio para seguir hablando de todos estos temas por lo que a lo largo de la muestra hubo muchísimos eventos paralelos. Estoy en proceso de subir todos los materiales al blog de la expo Si tiene dudas… pregunte, que encuentran en http://pregunte.pintomiraya.com/.

Sobre el autor

Cristina Civale

Cristina Civale