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Entrevista a Alfredo Prior: el arte de la seducción

Por Marina Oybin

Hay seducción en las pinturas de Alfredo Prior (Buenos Aires, 1952). Hipnotizan los colores, la textura orgánica, los pigmentos sobre superficies oleosas; esos mundos submarinos, o despojados y brumosos.

Ecléctico, autodidacta, prolífico, Prior ganó en 2016 el Primer Premio Adquisición del IX Premio Nacional de Pintura del Banco Central de la República Argentina (BCRA) por su obra James Ensor tocando el philipscordio. Los trabajos seleccionados se expondrán en una muestra itinerante por museos de nuestro país.

James Ensor tocando el philipscordio (Gentileza BCRA)

Representó a la Argentina en la Bienal de San Pablo en 1985. Sus obras, que se encuentran en museos y colecciones privadas nacionales e internacionales, incluyen guiños a la historia del arte, citas bíblicas y mitológicas, y homenajes a artistas conocidos y otros más ocultos. Prior, que hoy se define con ironía como un artista tranhistórico, fue, junto con Guillermo Kuitca, figura clave en los años ochenta. Y hasta hicieron obras a dúo.

Prior fue uno de los personajes de la novela de su amigo César Aira, a quien conoció en su paso fugaz por la Facultad de Filosofía y Letras. En La Liebre, Aira revela uno de los singulares recursos de Prior a la hora de justificar errores.

En La Zona, un sótano enorme llamado así por el filme de Andréi Tarkovski, se reunía con Rafael Bueno, Martín Reyna y José Garófalo. En ese sitio en el que las inauguraciones eran hiper festivas y las performances copaban la escena, se daban cita músicos, escritores, artistas, actores. El mundo del arte underground a pleno. “En La Zona hicimos obras y travesuras en colaboración con artistas que admiro. Fue efervescente”, dice Prior. En ese sótano, recuerda el artista, la joven Liliana Maresca se desnudó imprevistamente mojándose en las canillas de unos piletones en una performance espontánea que enseguida tuvo público.

Prior es escritor, poeta e integra, con el editor Francisco Garamona, el escritor Sergio Bizzio y el músico Alan Courtis, el grupo de música experimental Súper Siempre, donde desata ruidos guturales y onomatopéyicos: un canto inclasificable con mucho de Noh y Kabuki, géneros del teatro japonés. Amante de la cultura oriental, le fascinan los silencios: el blanco infinito de las pinturas chinas y japonesas.

Ahora, cuando lo recuerda, Prior lanza una poderosa carcajada. Pero no hubo luthier que pudiera reparar el glamoroso violín que tocó con tal intensidad que apenas duró dos funciones. Con su música, pasó por pubs, hizo pie en el Malba, participó en el disco Otras formas que incluye una recopilación de temas musicales de  Ana Gallardo, Mónica Millán, Matías Duville, Dani Umpi, entre muchos otros artistas plásticos.

Prior es un hombre expansivo, cálido, dueño de risa y carcajada contagiosas. Para la entrevista, buscamos refugio del sol sofocante en una mesa en la calle de un bar en Belgrano, donde Prior puede fumar.

Hoy, ¿quiénes son tus musas?

-Las de toda la historia del arte (risas). Estoy poseído por las musas en todo lo que pinto, escribo y en la música que hago. Mis musas son artistas como Rembrandt, Turner, James EnsorOdilon Redon, el último Monet.

¿Hay musas actuales, artistas de hoy, que te inspiren?

-No, estoy en una etapa en la que no puedo admirar a nadie.

¿Por qué?

-Estoy demasiado concentrado en mi obra. Me puede gustar la obra de alguien, estar muy interesado por el concepto, pero lo que se dice admiración es un grado superior que ya no me provoca nada. Con los años, he perdido el asombro ante las obras de los demás y ante la mía, que quizás es lo más grave.

– ¿Cómo es tu proceso para pintar? ¿Cómo tiene que estar tu ánimo?

-Es importante el ánimo. Tengo ciclos de gran apasionamiento, de total concentración, y después períodos de apatía o de descanso.

-Ahora, ¿en qué período estás?

-En el de concentración (se ríe). Los últimos meses me dediqué solo a escribir poemas y algunas narraciones. Escribí muchísimo.

-¿Hay períodos en los que pensás en palabras y otros en imágenes?

-Por ejemplo, lo que leí ayer en Ninfoleptos, un recital de poesía y performances en el Teatro Sarmiento, es de un ciclo de poemas que son como road movies. El ciclo se llama 77 días en Pekín y uno en Monetcarlo (Montecarlo está asociado a una obra de Duchamp). Ahora, estoy escribiendo una serie que se llama Colombres y yo.

S/T, 2012

¿Quién es Colombres?

-Es un personaje que se llama de otra manera, pero que no quiero nombrar. Es una parodia. Es alguien del mundo de la plástica, tiene una editorial en la que me han plagiado una idea. Me han afanado y el editor dice que la autora no hizo plagio sino que es una mera casualidad. Ella inventó situaciones de artistas usando exactamente el mismo recurso anafórico que yo.

-¿Dónde habías publicado los textos que fueron plagiados?

-En varios números de Ramona, en un número de Tokonoma y en uno de El Niño Stanton.

-¿Cómo fue tu reacción al enterarte del plagio?

-Me dio bronca, pero después me motivó a escribir. Hice una serie de veinte poemas al hilo (risas).

-¿Es una acción poética reparadora?

-Sí, yo no voy a hacer juicio por plagio, yo no acciono judicialmente sino poéticamente. El señor Colombres será el alter ego del editor. Son poemas muy barrocos. No caigo en la injuria sino en la sátira. Ahí encontré algo nuevo: esa provocación me llevó a trabajar en temas que no pensaba hasta ese momento.

Prior enseña Duchamp, o capitão Nemo e eu (Duchamp, el capitán Nemo soy yo), su último libro publicado en Brasil con poemas suyos que acaban de enviarle a su casa. Uno de los poemas se titula Cómo resucitar a una liebre muerta, el nombre de la performance que hizo en 1998 en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (Mamba).

-¿Cómo fue el clima de esa performance?

-Había mucha improvisación, trabajaba con muchos colaboradores. Todas mis performances eran bastante trash. Jakson Pollock en el Amazonas, una acción que hicimos en un encuentro de performance internacional en una fábrica tomada, terminó en un desastre. Algunas chicas hacían licuados de banana con pigmentos para teñir tortas. Con los licuados yo hacía dripping sobre papel. Se rompieron botellas de vidrio, muchas chicas bailaban descalzas y una se cortó. La instalación eléctrica estaba mal: las licuadoras hicieron cortocircuito. ¡Pum Pam! Percibí un clima de desastre total. A partir de ese momento, todo lo que hice performático fue con lectura y muy pocos elementos.

Me interesa mucho tu serie En cada sueño habita una pena. ¿Por qué elegiste ese título?

-Surgió de una traducción defectuosa que hice de una canción de Roxy Music. El título original era In Every Dream Home A Heartache Todas las imágenes de esa serie son melancólicas, gris, gris azulado.

-Uno intuye un final…

-Trágico, aunque sean conejitos, osos. Hay una tragedia latente.

-Una tragedia naíf.

– Sí. Me gustaría recuperar algo de eso, de ese espíritu. Está entre las cosas que me andan rondando, que voy a pintar de ahora en más. Tengo varias cosas en mente pero no las quiero contar. Uno de los lemas que sostiene mi vida es no avivar giles (se ríe).

-¿Qué opinás de la polémica que se generó por el premio de Agustina Quiles? (Nota de la redacción: se trata del 1er. Premio categoría Jóvenes del concurso del BCRA)

-Me parece que la obra es digna, no sé si merecía ese premio u otro o nada. Los argumentos con los que se denigró la obra son muy reaccionarios. Podemos discutir, claro, en otros términos un poco más profundos la validez de esa obra como de cualquier otra.

-¿A qué edad conociste Osvaldo Lamborghini y a César Aira?

-A los veinte años. Con Osvaldo era amigo de ir a interminables chupindangas (risas). El tenía doce años más que yo. Me enseñó todo. Fue mi gran maestro: de él aprendí más que de los pintores. Sobre todo acerca de las estrategias y tácticas del artista, y también los procedimientos y técnicas de la literatura, que se pueden aplicar a cualquier arte. Yo lo viví así: él no era de ponerse a sermonear. Eran charlas como esta.

-¿En qué trabajabas antes de vivir de la venta de tus obras?

-De cualquier cosa, laburos administrativos. Terminaba de trabajar y me dedicaba diariamente a pintar: me lo tomaba en serio. Lo que menos pensaba es que algún día iba a vivir de la pintura.

 

PH: Retratos de Prior por SubCoop para jaquealarte.com

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