destacada

Entrevista a Lola Arias: “Me interesa pensar la performatividad de la política”

Por Daniel Gigena

En el marco de la BP 17, Lola Arias presenta el 27 de mayo Audición para una manifestación: 2001, en la Sala A del Centro Cultural San Martín de Buenos Aires. A partir de las 6 de la tarde y con entrada gratuita, los asistentes tendrán dos opciones: ser participantes de una audición o formar parte del público. Lola Arias, junto con Julián D’Angiolillo, entrevistará a aquellos que quieran reconstruir los difíciles días del 20 y 21 de diciembre de 2001, cuando la sociedad argentina puso punto final a las impopulares políticas del gobierno de Fernando de la Rúa, quien no escatimó balas ni gases lacrimógenos contra los manifestantes. Arias y D’Angiolillo investigaron para la realización de esta acción que, como toda performance, tiene un carácter único e irrepetible. Además de entrevistar a varios intelectuales que escribieron sobre ese hecho de la historia reciente, como María Moreno y Ángel Jozami, ambos realizadores dialogaron con obreros de fábricas recuperadas, motoqueros, abogados de familias amenazadas por desalojos y víctimas de la represión policial, algunxs de los cuales  participarán de la performance.

-¿Cómo surgió la idea de Audición para una manifestación: 2001?

-Es un proyecto que hice antes en otros países. El primero fue en el teatro Maxim Gorki de Berlín, en 2014, cuando me invitaron a participar con una obra sobre la caída del Muro. Allí surgió la idea de hacer una audición, un formato que reúne la entrevista y la actuación. Trabajé sobre un suceso previo a la caída del Muro, del 4 de noviembre de 1989, cuando el Partido Comunista y la disidencia, por única vez, se unieron para participar de una protesta. La idea original era el intento de reconstruir la masa, el aspecto coral de la manifestación en ese momento histórico único. Las personas elegían distintos roles. Con esa idea imposible de reconstrucción  se trataba de averiguar qué se vivió, se pensó y se sintió ese día. Usé ese formato Praga y también en Atenas.

-¿Cuál es el protocolo de la perfomance?

-La perfomance no tiene ensayo ni se repite, es única e impredecible, si bien tiene cierto marco. Cada participante que llega decide si quiere hacer la audición, que llevamos adelante Julián y yo, o ser parte del público, que será testigo de las audiciones en un loop de cinco horas. La performance transcurre en un backstage y se ve a través de dos cámaras. Eso permite resguardar un grado de intimidad de los participantes. Las entrevistas son muy breves, cada persona tiene entre cinco y diez minutos para representar un rol en la manifestación. También entrevistamos a varias personas que estarán presentes en la audición, representándose a sí mismos. Obreros de la fábrica Brukman, que formaron la cooperativa 18 de Diciembre; motoqueros, que cumplieron un papel central durante la revuelta, porque ellos conocían mejor que nadie el territorio, y también filósofos e intelectuales que escribieron sobre diciembre de 2001. Queremos que ellos participen, que vengan a hablar. Será una mezcla de perspectivas.

-¿Con qué recursos contaron para reconstruir esos días de revuelta popular?

-Además de lo que cada persona aporta, tenemos un archivo sonoro de la Plaza de Mayo: los cantos, las consignas, los noticieros de televisión. Eso formará parte de la performance, y el público podrá cantar con la multitud lo que se cantaba en esos días contra el poder. Damián Neustadt nos proveyó de un archivo de fotografías muy valioso que, en algunos casos, funcionarán como “fondo” de la acción de los participantes. Una especie de máquina del tiempo, en la que cada uno desempeña su rol. En otra sala del CCSM, los asistentes tendrán acceso a libros, videos, distintos materiales sobre esos días de 2001. Habrá un bar y espacio para encontrarse con otros y conversar.

-En cierto modo se podrá revivir el espíritu de asamblea popular que hubo a partir del 20 y el 21.

-Además de la represión, de los muertos y de la recesión, quiero pensar en la herencia positiva que dejó la revuelta. Quiero que nos preguntemos sobre las formas de organización posibles que aparecieron ahí. Algunas no perduraron, pero todavía se puede pensar en nuevas formas de organización social que surgen cuando el pueblo reclama, resiste y ocupa la plaza pública. También necesitamos pensar qué significa “poner el cuerpo” en una manifestación, qué rol cumple cada uno, con qué textos (lemas, carteles, consignas) estoy dispuesto a cargar, hasta dónde avanzar o no. La manifestación es una forma de actuación, en la que hay que hacer una acción. Está hecha para demostrarle al poder, al mundo, a los gobernantes cuál es mi posición ante determinada política.

-¿Qué te impresionó durante la investigación previa?

-Lo más impresionante, y lo que más perdura en la cabeza, de la gente fue la resistencia y la ocupación de la Plaza de Mayo. En las horas de noticieros ves cómo la gente avanza y retrocede, y luego vuelve a avanzar para no ceder terreno a la policía. La voluntad de no dejar vacío ese espacio es lo más emocionante. Como si la manifestación dijera: “La plaza es del pueblo”. Eso llega hasta hoy y permite interrogarse sobre el poder del pueblo en las decisiones. El punto de quiebre de esos días fue cuando la policía montada cargó contra las Madres de Plaza de Mayo. Nadie podía asimilar esa imagen. Fue como si hubieran pasado por arriba de la historia. “Si pasa esto, no hay más democracia ni país; no hay nada.” Ése era el pensamiento entre los manifestantes.

Sobre el autor

Daniel Gigena

Daniel Gigena