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Las musas que permanecen: El paso de Prior

Hay exhibiciones a las que basta con dar una mirada. Hay otras, como Al imperio de las musas, la muestra antológica de Alfredo Prior que pudo verse hasta hace pocos días en la sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta, que necesitan o provocan el deseo de las reiteraciones y a las que se querría volver una y otra vez. Dos, tres visitas y la última demorada y detenida en muchas de las obras no saciaron a esta cronista de ese festín Prior que pienso, será recordado por varias razones.

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En primer lugar, esa antología personal en la que el artista (1952, Buenos Aires) eligió cada una de las piezas, en una auto evaluación que lo mostró en la plenitud de su permanente y renovado regodeo en la pintura, estuvo integrado por un conjunto de obras que sólo se había visto en el circuito privado de las galerías, o por quién haya tenido acceso a visitar su taller. Tanto el Museo Nacional de Bellas Artes como el de Arte Moderno, tanto el Malba como otros importantes museos provinciales, el Castagnino de Rosario y el Caraffa de la ciudad de Córdoba entre otros, mostraron su obra; pero estas piezas elegidas nunca habían sido vistas en esos ni en ningún otro espacio público y se revelaban, muchas en festiva novedad, para la mayoría de los espectadores.

Prior sala vinilos y telas

Atravesando distintas series y épocas, territorios ficcionales y diversos sucesos mitológicos en un ida y vuelta constante con la historia del arte y la música entre otros muchos otros ejes de su interés, recreando e imaginando relatos históricos y escenas improbables hilados de manera muy particular– como las delirantes apariciones en distintas instancias de Napoleón- la gran sala invitaba a deleitarse en el repertorio fantástico, descubrir el fino humor, el sentido lúdico, divertirse con las citas eruditas y no tanto, la extracción variopinta e inquietudes que manifestaron los múltiples intereses del autor que continúa en su búsqueda por ampliar los límites de su hacer. Ese ser delicioso y querible, no exento de caprichos varios, transita, desde hace décadas, diversas disciplinas y medios, como los que exhibe en sus delicadas intervenciones sobre discos de vinilo y distintos objetos. Las texturas superpuestas, los brillos exagerados, las experimentaciones cromáticas se evidenciaron reiteradamente y lo mostraron en feliz comodidad en esa investigación que se adivina en continuidad. Pintor, escritor y músico, estudioso de la literatura y arte orientales fue un artista pilar de la escena artística de los 80 pero lo importante es que, en su versatilidad, sigue siendo fundamental hoy.

Un montaje que trazó un guión más estético que cronológico a cargo de Gustavo Vásquez Ocampo, lo mostró con elegancia. Desde los setenta al presente, Prior repasó y auto repasó su amplio imaginario, en el que pudo recorrer cuatro décadas de majestuosa entrega, desde sus inicios en la mítica galería Lirolay, hasta la actualidad.

De verdad me gustaría volver a verla.

Sobre el autor

Patricia Rizzo

Patricia Rizzo

2 comentarios

  • … Lo del Imperio, en fin. Simplemente un pintor que se deja traspasar por el extrañamiento y con el que juega como un niño, un infantil majestuoso. Eso de darle tanta tela a las chicas Musa, unas periféricas del conurbano, en fin, los pinceles en la mano del pintor responden a una cierta responsabilidad de su talante.

    Por otro lado, el texto de la Rizzo es encantador: El festín, el descubrimiento de obras ocultas para muchos, el deseo de recorrerla permanentemente en diversos momentos, lo lúdico del niño que se oculta detrás de
    las polleras de las Musas, los brillos exagerados, lo majestuoso de la obra de un pintor que no duda en entregarse, la figura del mismísimo Prior volcado a las letras, las manchas y las melodías de lo inesperado.
    Entregarse a tal festín… lo comparto: Pintura, un deleite, gran muestra.

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