Crónicas El artista

Mueck no lo consigue

Por fin, la obra de Ron Mueck llegó a Buenos Aires y desde el sábado 16 y hasta mediados de febrero podrá visitarse en Fundación Proa. Luego de esta parada porteña, la muestra volará a Rió donde podrá visitarse en el Museo de Arte Moderno de dicha ciudad.

3_RM_Máscara II, 2002, fotografía de Anthony d’Ofray, Londres

La noche del miércoles 12 de noviembre, Fundación Proa ofreció una gala vip a la que asistieron desde el intendente de la ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, ministros de su gabinete y personalidades de la cultura. Fueron los privilegiados invitados a cena exclusiva  y a una recorrida de la muestra Ron Mueck, formada por 9 instalaciones del escultor australiano.

4_RM_Mujer con las compras, 2013, fotografía de Gauthier Deblonde

El opening vip estuvo blindado para la prensa, tan blindado como el montaje que realizó el mismo Mueck la semana anterior con dos de sus asistentes traídos de Londres, donde trabaja y reside junto a su esposa  y a sus dos hijas, ya adultas. Por contrato Mueck exige discreción: no permite que se registre el montaje y nunca se queda al opening.6_RM_Hombre en un bote, 2002, fotografía de Anthony d’Ofray, Londres

Fundación Proa nos informó que realizó un registro del montaje y pronto lo distribuirá entre sus seguidores. Esta muestra, la misma que se presentó en Paris en la Fundación Cartier para el Arte Contemporáneo -y de la que dimos cuenta en este espacio– está integrada por 9 piezas de las 40 que constituyen el breve pero intenso corpus de obra del artista.

8_RM_Naturaleza muerta, 2009, Cortesía Hauser / Wirth, Londres

Mueck es hijo de un fabricante de muñecas y se  inició realizando animatronics para cine, publicidad y televisión, antes de arrancar con su carrera artística. Una carrera fulgurante que tuvo su primer fragor en la Bienal de Venecia de 2001, donde sólo mostró dos obras y dejó al mundo del arte pasmado. Allí lo descubrió el equipo curatorial de la Fundación Cartier que en 2005 organizó la primera muestra de Mueck y luego siguió la que se pudo apreciar esta primavera en París.

5_RM_Pareja de paseo, 2013, fotografía de Gauthier Deblonde

La obra de Mueck siempre me había deslumbrado y solo la conocía por fotografías. El jueves a la mañana, en el desayuno de prensa con organizó Fundación Proa para la prensa, tuve oportunidad de verla, por fin, en directo. Me salteé el desayuno, siempre me incomodan las invitaciones con comida, aunque también soy capaz de apreciar el gesto de buena voluntad y cortesía. Más bien el apego de algunos colegas a las medialunas me sonroja. Pero ese es otro tema.

2_RM_Pareja bajo una sombrilla, 2013, Caldic Collectie, Wassenaar    

A la visita libre de la exposición, no hubo un recorrido guiado obra por obra, siguió una charla con la curadora italiana de la Cartier, Grazia Quaroni. Quaroni impecablemente ataviada con un vetido largo negro y chatitas al tono y un peinado recogido impecable, atrevido y futurista, empezó dando una suerte de conferencia en la que parecía estar dictando lo que le gustaría que la prensa dijese del artista. Empezó haciendo énfasis en que la obra de Mueck es realista y no hiperrealista, habló de la búsqueda de neutralidad y de la falta de contexto que ofrecen cada una de las instalaciones. Este punto lo repitió tres veces de manera distinta, la úlitma aclarando didácticamente: “Entonces no es hiperrealismo sino realismo fuera de escala. Obra neutras”. Ese punto fue el que más nos resultó disonante en toda su fresca y amigable intervención que luego permitió abrir una conversacion y jaquealarte.com fue el primero en preguntarle con bastante sorpresa sobre el punto de la “neutralidad”. Las obras que habíamos visto nos contaban cada una un cuento, tienen referencias sociales, marcas de época y no logran de ningún modo el deseo de neutralidad buscado.

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Otras intervenciones apoyaron nuestra moción y finalmente Quaroni, aclaró que el asunto de la neutralidad era una intención de Mueck que probablemente todavía no había conseguido. De todos modos, nos parecen cataratas de palabras que pierden su poder y sentido ante la contundencia de la obra que no necesita ninguna defensa ni un marco teórico para ser vista. Está ahí, para ser apreciada, juzgada, disfrutada, estudiada. Eso sí, siempre con la distancia de la cintas color gris colocadas para su observaciones y ferozmente custodiadas por personal de seguridad de la Fundación. Buen trabajo en este cuidado!!!

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Coincidí en una parte del recorrido con el editor Daniel Divinsky que, como todos, no paraba de sacar fotos -cuya reproducción está prohibida y esta nota como todas debe ser ilustrada por fotografías institucionales-. Divinsky me dijo algo que considero que puede ser una de las llaves para observar estas instalaciones. “Me produce sorpresa y admiración, pero no me emocionan nada”. Y efectivamente sacaba fotografías que parecían tener más un carácter científico que la pulsión enloquecida de un fan.

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La primera obra con la que se topa el visitante es la de una cabeza en gran escala recortada, más bien un rostro, muy parecido al de la propia cara del artista. Lo notable de la obra de este hombre decapitado que duerme es que cuando se la recorre en sus 360 grados, se descubre que es sólo una máscara, es señor está descerebrado. Nunca hubiese imaginado este recorte. Como el resto de las esculturas, la obra está realizadacon resina, fibra de vidrio, silicona y pinturas acrílicas y el morbo del observador quizá se encuentre en ver cuánto acierta el artista en reproducir con exactitud la expresión humana. A esta cabeza inclinada y dormida -nunca se nos ocurrió que podía ser la de un muerto y no hay nada que indique lo contrario- sólo le falta el sonido fuerte de la respiración del sueño para transmitir su estado REM. Un hombre común, medio pelado como el propio artista, un tipo de mediana edad reposa plácidamente con la comisura de sus labios y sus ojos cerrados en una paz tan humana que sí envuelve un misterio que genera emoción. Y el recorrido sigue en ese tono.

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La naturaleza muerta -en general las naturalezas muertas son platos con frutas- está aquií representada por un pollo a gran escala, colagado del techo, de patas a cabeza. Sus patas están cruelmente atadas y el animal está cruelmente asesinado, incluso una gota de “baba” -los pollos tienen baba- se insinúa desde su pico y de lo que sucedió antes de la colgada seguramente una muerte violenta. No nos parece neutral.

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Una de las obras nuevas, generadas para la Cartier y por caracter transitivo para Proa- es la de la mujer que viene de hacer las compras. Esta obra en escala menor a la humana -al igual que otra obra nueva, la pareja joven de paseo- no puede ser más claramente la de una mujer de una clase trabajadora: lo delata su abrigo, su peinado como a las apuradas, el modo de cargar al niño adentro del abrigo y el tipo de bolsas que, esos sí, están bien cargadas. ¿La chica carga a su hijo o al hijo e otro? ¿Es una empleada doméstica o una madre que hace la compra para su familia? La obra no hace más que asombrar siempre por el recurso de la exactitud de su realización pero también por el contexto que insinúa. No, Ron, no es neutral.

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Y el chico arriba del barco, en esa parte del recorrido nos cruzamos con la curadora Flor Battiti, que también sacaba fotos y que, a diferencia de Divinsky, si transmitía emoción mientras observaba. Hizo una obsevación de tipo metafísico, de ese chico perdido -nadie dice que esté perdido- en el medio de una rió-oceáno y de una embarcación sólida pero desolada.

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La pareja de ancianos a gran escala, con poca ropa y cubierto por una sombrilla multicolor, impresiona por el despojo de contar la vejez. Es impresionante ver los pies y las uñas de pies y manos de ambos sujetos retratados pero en la observación de esa exactitud, de ese empecinamiento por el detalle -la mujer lleva alianza de oro, el señor no: ¿¿qué neutralidad, Ron???- nos cuenta un cuento triste del cuerpo y el paso de los años, si bien tiene algo de sobrecogedora esa unión que se intuye que une a estos seres. Adriana Rosenberg, directora de la Fundación, recorría el predio mostrando un trozo de escultura que permitía tomar contacto con la textura que logra el artista con la mezcla de los materiales empleados. Rosemberg portaba un pedazo de pie de gran tamaño con uña incluida y, efectivamente, podría haberse tomado por el despellejo de un gigante.

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El hombre en miniatura que flota en una cama inflable verde está colgado de la pared como crucificado, no podemos creer que al artista esta manera de presentar la obra, un tipo tomando solo pero en la posición de Cristo, provenga de un despiste. La muestra es tan inquietanta como impactante por todos los interrogantes que plantea sobre la vida misma y como dijo Quaroni quizá no hay grandes sorpresas al ver las escenas porque todas remiten siempre a algo que alguna vez vimos, a nuestro imaginario cotidiano. Y ahí le damos la razón.

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Ron Mueck, la muestra, abre el sábado 16 al mediodía y sigue hasta mediado de febrero en Fundación Proa, a pasos de Caminito. La exposición también incluye la película de Gauthier Leblonde, Still life, un registro de Mueck trabajando en su estudio de Londres, cuyo adelanto también ya te mostramos. Se espera una aluvión para el día uno. En París la vieron más de 300 mil personas. Nadie quiere establecer una competencia ridícula con la capital francesa, pero si a Yayoi Kusama la vieron aún haciendo cola con viento y lluvia, se nos ocurre que el fenómeno Mueck redoblará la apuesta en presencia de público. Nunca visto en Buenos Aires. Un lujo de muestra y de presentación, con el montaje cuidado por el artista pero también por los servicios ofrecidos por Proa que nos tiene acostumbrados a montajes de calidad y otra vez: no nos defrauda. Al menos a mí que escribo en plural porque me gusta este procedimiento mayestático de la escritura.

Te dejamos el link a nuestro muro de Facebook donde publicamos la serie de fotografías intimistas, en el taller de Mueck, tomadas por el realizador de la película en exhibición.

Te volvemos a dejar el video con la recorrida David Lynch por la muestra de París porque su punto de vista nos parece que atraviesa el arte, la vida y el relato sin encorsetamientos.

Sobre el autor

Cristina Civale

Cristina Civale

1 comentario

  • Aún no vi la exposición, muy interesante la crónica , aunque me parece excesivo el peso dado a la palabra de la curadora, lo que importa es qué se siente frente a la obra.El tema de la neutralidad es discutible, no se sabe si es el artista el que lo propone o es la interpretación errónea de la curadora. De todos modos es evidente que ningún objeto cultural como ninguna persona (artista o espectador) pueden ser neutrales. Tampoco me queda claro si para el que escribe la obra es sentida como un objeto frío a escudriñar, o como algo excitante y que remite a recuerdos y asociaciones movilizantes. Esta ambigüedad del informe sin dudas me produce más expectativa para visitarla y sacar mis propias conclusiones, por lo cual lo considero positivo y lo comparto.

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