El artista

Murakami revuelve su mundo de maravillas

Plateau, el museo de arte de Samsug en Seúl, presenta por estos días  la muestra Superflat wonderland, una retrospectiva del llamado Warhol japonés, Takashi Murakami (Tokio, 1962).

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Murakami es uno de los artistas asiáticos de mayor proyección internacional, un tipo que no se ruboriza en cruzar las fronteras del arte que llevan hacia el mercado.

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Actualmente en Seúl, exhibe 39 obras que incluyen esculturas, videos, pelotas, una muñeca, pinturas y coloridas cortinas con flores.

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A mediados de los 90 empezó a ser reconocido  por la curiosa y particular síntesis de tradición y cultura popular de su país.

Inventó su propio estilo al que él mismo llamó superflat (superplano) que se basa en  la idea de la bidimensionalidad y en la búsqueda de la disolución de los límites entre la alta y baja cultura, trastocando los conceptos del pop y adaptándolos convenientemente a la cultura popular japonesa.

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La puesta en valor de su obra tiene como medida el éxito que alcanzó porque buscó tenerlo.  Para esto no dudó en crear “iconos para museos” con absoluta conciencia de su realización y con un buen ojo para lograrlo.  En su obra toma elementos de la pintura tradicional japonesa (nihonga) y la iconografía budista, así como de los rollos de pintura del siglo XII, la pintura zen, el anime, el manga, el pop  o el surrealismo europeo.

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Trabajó para marcas como Louis Vuittón, Levi’s y Nissan. Publica libro y realiza toda una serie de memorabilia de alcance para todos los bolsillos, sobre todo los menos abultados, que pueden tener un Murakami estampado en una remera o en una taza. No esperó a que sus herederos bastardearan su obra aplicándola  a objetos de consumo masivo. Es un adelantado, lo hizo directamente él. Su superflat wonderland se alza como una burla al mundo neoliberal que transitamos, donde cada objeto artístico puede convertirse en una postal de un dólar, pero también en un exacto aprovechamiento de ese estado de cosas. Su pelea pareciera ser extremar y poner en evidencia con su buscada liviandad el curso de la corriente, adversa para la mayoría.

Una visita a su superflat mundo aún no maravilloso

Sobre el autor

Cristina Civale

Cristina Civale

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