El artista

Por qué hay que escuchar “Víctima de la imaginación” de Andrés F. Ruiz

En tiempos donde algunos conjeturan que estamos aislados de los otros, aunque también en tensión con el deseo de ser reconocidos por los otros, somos testigos de los pequeños grandes cambios que traen aparejados las redes sociales. El tan en boga filósofo coreano Byung-Chul Han viene alertando sobre las transformaciones que están ocurriendo en las entrañas del capitalismo: somos víctimas de la sociedad del rendimiento. “El cansancio de la sociedad del rendimiento es un cansancio a solas que aísla y divide”, subraya en su libro La sociedad del cansancio (Herder, 2014). En este contexto, un artista no podría darse el lujo de aislarse del mundo, ese mundo real que encarnan las redes… El no existís” chilaveriano (del ex arquero paraguayo José Luis Chilavert) cobra dimensión imperativa. El músico -como le sucede a los hacedores de tantas otras disciplinas artísticas- no sólo tiene que formarse e informarse continuamente, sino que está obligado a corretear por los aposentos del “enjambre digital” (Byung-Chul Han) sin inmutarse. Es indispensable. Es inevitable. Pensar que si hasta hace no mucho caracterizar de “self made” a una persona era todo una declaración de principios, en estos días es muy común que un artista deba hacer todo por su cuenta. Producir, comunicar, vender(se)… El multifacético Andrés F. Ruiz (modelo 1981) es uno de ellos: en su altamente recomendable último disco, Víctima de la imaginación, no sólo compuso todas las canciones, sino que las grabó, las mezcló y las produjo él solito.

Algo similar aconteció con el primer video del álbum: Mi desconocida preferida lo dirigió él, fue su protagonista y su propio asistente, y se encargó también de la edición. Ruiz es consciente de esto, de los pesares y los malentendidos, del tiempo perdido y la histeria colectiva detrás de cada movimiento de ficha en las redes. “Uno siempre cree estar en el medio. Siente que no es lo suficientemente atrayente para rodearse con algunos, pero tampoco tan básico para estar con otros. Es una sensación muy actual. Internet nos refleja a diario estos vaivenes de la histeria colectiva”, escribió en su web terroresdeazucar.com/

37 años. 1,95 mts. Un primer hijo en camino. Una canción compuesta por día. Siete álbumes. Dos libros de poemas. Doce grupos en los que se alistó. La vida de Andrés F. Ruiz no implica sólo números, pero el sentido de la vida muchas veces se atiene a ellos. A la hora de concebir su último disco, Víctima de la imaginación, Ruiz se ciñó a un marco de expectativas razonable para que su plan sea exitoso. Un modelo económico de batalla, tal vez. Economía de recursos, mejor. Reducción de energía para optimizar la puesta escénica (transportar con facilidad el equipamiento fue una condición) y la apuesta: las canciones pop. Y un deseo personalísimo: tocar la mayor cantidad de veces antes del nacimiento de su primogénito. Este séptimo trabajo lo encaró, entonces, con la premisa del vivo. Y la jugada no le salió mal: más allá de las periódicas presentaciones en sitios capitalinos y suburbanos, se ha subido en varias oportunidades a micros de larga distancia que lo han llevado a distintos puntos del país, siendo Córdoba la provincia con más visitas el año pasado; sumado a que unos seguidores mediterráneos se proponen hacer un documental sobre la obra de este multiinstrumentista oriundo de Haedo.

 

Además, la premisa del vivo se cimentó en unas canciones que necesitan de la presencia de muy pocos elementos: una caja de ritmos MPC, un teclado y el micrófono cantante. En ciertos shows, lo acompañan el guitarrista Bruno Masino (Pergamusi) y el vocalista Eduardo Ferrel (El Asesino del Romance; encargado de los coros de Diosque). Minimalismo en su máxima expresión. En tanto, el proceso de producción implicó elegir entre cuarenta canciones. Si una terminaba seleccionada, se debió a que había pasado arduas pruebas de escucha. Así Ruiz fue elaborando la orfebrería electrónica que reluce en Víctima de la imaginación.

 

Más allá del delicado tratamiento de las texturas, las contagiosas rítmicas y una voz sugestiva, si algo prevalece a lo largo de las diez canciones es que no hay baches ni fisuras. En este edificio racionalista -¿hay que decir que los fans del Gary Numan de The Pleasure Principle (1979) encontrarán ecos de esa infalible gelidez melancólica?-, los detalles están camuflados y la carga existencialista que transpiran muchas líricas se permite asismismo mofarse de cierta solemnidad.Uno de los momentos altos justamente lo brinda Todo sobre el fin del mundo, una cómica salida sobre la visita de unos testigos de Jehova a su casa, quienes reemplazan con sus advertencias tremendistas la esperada llegada de la amada. “Me costó mucho sacarme el traje spinetteano de los acordes deformes y las letras surrealistas. La solemnidad fue mi peor enemigo. Mantuve mi oscuridad, es cierto, pero pude abrir (un poco más) el abanico a composiciones más simples y agradables al oído ‘no entrenado’”, confirma Ruiz.

A la hora de darle identidad a sus búsquedas estéticas, este cronista ve afinidades -entiéndase como exploraciones, obsesiones, conciencia pop- con distintos y diferentes artistas argentinos. Desde el inclasificable Diosque al compromiso tecnopop de los rosarinos Matilda, desde el refinamiento mordaz del también productor Yul Acri (cerebro del grupo de Daniel Melero) a las frondosas piezas de Lucas Martí. Todos ellos estarían teniendo una conversación con un público reservado en su entusiasmo, pero desprendido en su sensibilidad. “Recuerdo que iba a recitales de cantautores y me quería cortar las bolas. Me dormía. Llegaba a casa y me deprimía mal. ´¿Yo soy como ellos?´, me preguntaba. Un embole. Estuve confundido muchos años hasta que hice un clic. Tocar en bandas pop, kraut y postpunk me ayudó mucho”, confiesa Ruiz.

Alguna vez baterista de Compañero Asma y tecladista de Viva Elástico, dueño de un proyecto fallido de disco junto con el legendario Litto Nebbia, Ruiz asume que este disco es un corolario de una vida dedicada a la música, el mejor resumen de su persona: “Sí, es el resultado de la madurez. Después de grabar varios discos fui puliendo la mejor versión de mí. Siento que es el mejor momento de mi carrera. Estoy muy inspirado y seguro del camino que emprendí. Víctima de la Imaginación me puso en foco otra vez y tanto el público, como los colegas, me lo hacen saber. Trabajo muy duro para que esto sólo sea el comienzo de algo hermoso. Espero que así sea”, alega el muchacho que ahora vive en Flores. Que así sea, nos sumamos a coro. Que esto sea el comienzo de algo hermoso.

 

Sobre el autor

Gustavo Alvarez Nuñez

Gustavo Alvarez Nuñez