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Recursos culturales: no es una utopía vivir de tu proyecto cultural

 

Por Clarisa Ercolano

Lograr que un proyecto cultural sea viable en términos financieros y luego sustentable, sigue pareciendo una utopía. Algo así como un anhelo de poder vivir de aquello que es vocacional sin necesitar otra profesión o ingreso que permita la subsistencia en un modelo neoliberal donde la economía se considera el principal motor del progreso. A ese modelo económico deberían subordinarse el resto de los aspectos de la vida. Ideas, hay de sobra, pero a la hora de plasmarlas hace falta dinero. Y esta no es una afirmación capitalista práctica sino una realidad. Federico Borobio es el director de Recursos Culturales, una web que detectó que la demanda principal del sector cultural era el financiamiento.

Borobio en acción. Ph: Silvina Frydlewsky / Ministerio de Cultura de la Nación

Así es, hace doce años, en pleno auge de la digitalización, Borobio decidió crear www.recursosculturales.com, una plataforma donde todos pueden acceder a la información centralizada de convocatorias para arte y cultura en todo el mundo. “Al poco tiempo de arrancar, pudimos comprobar que la problemática excedía a lo financiero. ¿Cuánto dinero necesitás? ¿Para qué lo usarías? ¿Qué vas a hacer una vez que se termine el dinero del subsidio? Ese tipo de preguntas sacaban a la luz otros problemas más profundos, vinculados a carencias de herramientas de planificación y gestión, cierta negación a poner en blanco sobre negro los números, e incluso a una visión ‘subsidio-dependiente’ muy arraigada. Muchos proyectos valiosos terminan atando su supervivencia a la fuerza de voluntad de sus integrantes, lo cual tiene patas cortas”, analiza.

Con ese panorama, la decisión fue focalizar la formación en las ideas de emprendedurismo, herramientas y sustentabilidad. Ampliaron el panorama a la capacidad de gestión, las alianzas, el uso de la información y de la tecnología. Y de un tiempo a esta parte, Recursos Culturales se reconvirtió y trabaja en todas las áreas que un creativo necesita para su proyecto. Una suerte de coaching que puede ser presencial o a distancia y que puede incluir hasta la difusión o solamente servir como una mirada independiente que analice una idea que busca concretarse.

Ahora bien, qué define a un emprendimiento cultural. Borobio explica que en principio, la materia prima con la que trabajan lo artístico, lo creativo. “Otra característica única es lo que llamo flores silvestres; brotan en todos lados, en condiciones favorables o adversas, con o sin recursos, con o sin apoyo estatal. Suelen basarse en principios de independencia y autogestión, y sin duda la revolución tecnológica digital permite que hoy cuenten otras posibilidades”.

“También en esto tenemos una visión amplia: no necesariamente un emprendimiento cultural debe convertirse en una empresa. Tomamos la idea de emprendimiento como aventura, riesgo, sueño a realizar”, aclara al momento de decir si su intervención tendrá resultados garantizados.

La cultura en el régimen neoliberal tiene valor solo si contribuye a la economía. Y paradójicamente, la política suele valerse de ella para la implantación de mensajes o para el refuerzo de ideologías; de manera más o menos evidente. “No nos parece recomendable que un proyecto dependa exclusivamente del sector público o de una única fuente de ingresos. En ese sentido, es bueno diversificarse Por otra parte, conocer lo mejor posible el contexto del sector (y sus matices), para poder prever amenazas y eventualmente, aprovechar oportunidades. Obviamente también hay que tener una clara idea de cuáles son los números de nuestro emprendimiento para proyectar y hacer correcciones si es necesario. Esto es indispensable en tiempos complicados. Y por último generar alianzas e intercambios con otros proyectos. Unirse para bancar, ayudarse, ser solidarios”, contrapone Borobio.

Y en el mismo sentido asume que “la sustentabilidad es un objetivo a alcanzar, pero hay que tener en claro dos cosas: primero, no todo proyecto es sustentable. De hecho, muchos sólo pueden realizarse con apoyo externo, del Estado por ejemplo. Por otra parte, aún siendo proyectos potencialmente sustentables, tampoco existe una garantía de lograrlo. Lo que sí está a nuestro alcance es hacer todo lo necesario para lograr ese objetivo”.

En 12 años de existencia, proyectos privados pero también del sector público, artistas, centros culturales, diseñadores, músicos, discográficas, editoriales fueron clientes de Recursos Culturales. “Todas personas creativas, decididas a hacer sustentables sus proyectos, con valor para cambiar si es necesario”, ejemplifica.

Borobio cree que es posible encausar los pasos que llegan luego del proceso de creación: “Procuramos ser muy concretos en esto; hay que partir siempre de la identidad creativa de cada proyecto, sumándole luego el paso a paso de planificación, ejecución y evaluación, apuntando a la sostenibilidad a lo largo del tiempo para que no se frustre o termine siendo simplemente un hobby más”. El último año fueron convocados por el Ministerio de Cultura de la Nación para llevar sus cursos fuera de Buenos Aires, pero fue una excepción a la regla de su trabajo: “Venimos haciendo estos cursos hace más de diez años y jamás contamos con apoyo estatal, ya sea a nivel municipal o nacional. Durante todo este tiempo nuestros programas de formación se sostuvieron con mucho trabajo y esfuerzo, ingresos de inscripciones, y diferentes alianzas que fuimos haciendo a efectos de minimizar costos, con espacios culturales, universidades. Excepcionalmente nos han contratado para dar charlas o cursos. También sostenemos nuestras actividades con otros servicios para proyectos culturales, como consultorías personales, venta de espacios de publicidad en nuestra web y servicios de comunicación”.

Entre los proyectos que contaron con su consultoría se destaca Espacio 33, que en poco tiempo logró convertirse en un foco de promoción cultural,  la Fundación Landrú, una organización que dio un gran vuelco y actualmente trabaja con mucho éxito. Recursos culturales, para ser coherente con su prédica, redobló su propia apuesta al crear en 2015 la revista digital Emprende cultura, una plataforma de difusión de proyectos culturales en Argentina y en el mundo. Y siguen.

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