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Un baldío es la nueva instalación en las Turbinas de la Tate

“Es un lugar donde la gente puede tirar basura, donde la gente puede ir a orinar, pero también donde algo puede crecer, donde algo puede suceder”.

El artista Abraham Cruzvillegas (Ciudad de México, 1968) habla así de un lote baldío cualquiera de la periferia de una ciudad equis; de un terreno vacío, sin construir.

Fue ese concepto el que lo inspiró para realizar su última obra, la que acaba de inaugurar en la Sala de Turbinas de la Tate Modern de Londres. No por nada tituló al proyecto Empty Lot (Lote vacío).

Para el espacio más amplio de la Tate el artista ha ideado una construcción geométrica. Un enorme triángulo formado a la vez por 240 macetas triangulares de madera, colocadas en dos plataformas y sostenidas por andamios.
“Esta idea es sobre poseer un pedazo de tierra en el que no estamos sembrando nada, no estamos plantando nada y no estamos haciendo jardinería”, explica el artista.

“Pero esperamos que algo crezca en él tan sólo aportando las condiciones mínimas, agua y luz, durante seis meses, en invierno”.

Es ese el tiempo en el que la monumental escultura ocupará la Sala de Turbinas: medio año, hasta el 3 de abril de 2016.

Las macetas están llenas de tierra recogida de 35 puntos de la ciudad. Unos cientos de kilos, por ejemplo, proceden del palacio de Buckingham, la residencia de la reina Isabel II.

“Nadie plantó ninguna semilla en ellas”, asegura Cruzvillegas. “Al menos no yo mismo. Así que el material más importante de esta obra es la esperanza”, subraya.

La obra fue comisionada por la automotriz surcoreana Hyundai y es inédita, pero inevitablemente recuerda a todo lo producido anteriormente por Villegas, uno de los principales artistas conceptuales de México.

Claramente se engloba en un trabajo continuo al que llama “autoconstrucción”.

El artista acumula y acumula materiales encontrados en el entorno y otros que llegan a él y que están en desuso: cartón, muebles, latas, palos de escoba, papeles de colores.

Y luego construye.

Pero lo hace a capas, sin plan, sin estrategia, sin sentarse en el estudio para hacer el boceto que lo guiará después.

Cruzvillegas va uniendo piezas directamente, usando un alambre para juntar dos maderas, un saco para sostener un bloque.

Así, sus instalaciones siempre ponen en duda la noción de la obra acabada, y tienen algo de artesano, de prototipo, de encofrado que servirá de esqueleto para la escultura final.

“Mi corte de pelo es un poco de navajo, un poco de campesino, un poco de microbusero…”, le dijo a la Tate.

Así lo tienen también las macetas de madera sin lijar ni barnizar de Empty Lot.

Con su proceso artístico, Cruzvillegas hace referencia a sus antepasados, sus padres y demás campesinos que llegaron en la década de 1960 a una zona de roca volcánica a las orillas del entonces Distrito Federal, y convirtieron en habitable un área hasta entonces desierta, hoy la colonia Ajusco.

Por ello, el artista se refiere a ellos como “pioneros”.

Aquellos primeros habitantes fueron construyendo sus casas poco a poco, en respuesta a sus necesidades, con escaso dinero y mucho ingenio funcional.

Y así se sigue haciendo hoy en los barrios más pobres de la periferia de las grandes urbes.

Los volúmenes que se van añadiendo con el tiempo, sin planeación, y con frecuencia con un resultado disparatado. El ladrillo desnudo y los pisos de hormigón gris con huecos por ventanas de las casas contrastan con las paredes pintadas de colores brillantes.

Pero con sus proyectos Cruzvillegas no pretende presentar la arquitectura de la pobreza a la gente que visita bienales como la de Venecia, en la que participó en 2003. Ni tampoco a los que acuden a algunos de los principales museos de arte contemporáneo del mundo, como la Tate de Londres o el MoMa de Nueva York, y que incluyen piezas del mexicano en sus colecciones.

Lo que Cruzvillegas busca en su obra es hacerse eco de esa estética de la improvisación y el amontonamiento de las colonias como la de Ajusco, donde se crió. Y también de la creatividad en condiciones restrictivas.

El suyo es un arte erigido sobre la idea de reciclar, y tiene que ver con el desarrollo del capitalismo, con el consumo de la modernidad. Lo que quiere es construir sin consumir.

Y en esta ocasión, además, que crezca algo de la nada.

Fuente: bbc.com

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jaquealarte

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