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Hacktivismo: los documentales sobre los pibes de la web

Por Mariano Cervini

La palabra hacktivismo es etimológicamente revolucionaria. Compuesta por los términos hacker y activismo, engloba a aquellas personas que intentan cambiar el mundo a través de la web. Así lo entendía Aaron Swartz, el programador acusado de fraude informático por el gobierno estadounidense, que se suicidó en 2013.  

The Internet´s Own Boy (escrita y dirigida por  Brian Knappenberger en 2014) cuenta la historia de este luchador por los derechos de la libre circulación de información en la web.

El argumento se planta de una manera cronológica clásica: desde su infancia como superdotado, con fotos, filmaciones caseras y testimonios de amigos y familiares, hasta la repentina caída en una maraña de inculpaciones de parte del gobierno de los Estados Unidos. El documental muestra cómo las presiones judiciales lo van acorralando. Acusado de fraude informático por el supuesto robo de más de 4 millones de artículos de divulgación científica al MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts). Arruinado económica y moralmente y con el peso de cargar con una posible condena a 50 años de prisión, Swartz decidió terminar con su vida a los 26 años.

Tim Berners Lee, el creador de Internet en persona, brinda su homenaje al joven programador en una reflexión intensa sobre la propiedad y la libertad de contenidos como única posibilidad a futuro.

Con declaraciones del propio Swartz en conferencias y medios periodísticos, incluso algunos días antes de suicidarse -suicidio que muchos cuestionan como tal- el documental se pone a favor de la libertad y muestra cómo algunas leyes deben modificarse para entender las nuevas realidades planteadas por la web.

El documental We Are Legion (dirigido también por Brian Knappenberger) amplía este concepto. Partiendo de fines de los años 90, encara la historia de los primeros hackers y cómo algunos decidieron utilizar sus conocimientos para la denuncia social convirtiéndose en hacktivistas. Los inicios del colectivo Anonymous en un foro de intercambio libre de información. Cómo promueven el debate, leen, comparten contenidos. Un colectivo que intenta difundir un mensaje de libertad por encima de las leyes y de los gobiernos. Denuncian y atacan sitios oficiales para demostrar que la principal arma que tienen es el anonimato y el poder de la unión.

We Are Legion y The Internet´s Own Boy argumentan a favor del hacktivismo y se complementan. El primero es un recuento general bien llevado con testimonios de sus principales referentes. Tiene como eje interesante el repaso de los principales hechos históricos de la actualidad en los que se vieron involucrados los hacktivistas. Desde las manifestaciones populares en 2011 conocidas como “Primavera Árabe” que condujeron a la caída de regímenes totalitarios en Egipto y Túnez, hasta la baja de páginas web de personajes xenófobos, pasando por el caso Wikileaks y el robo de miles de cables secretos a distintas potencias mundiales.

El argumento de ambos documentales va in crescendo. En We Are Legion es acompañado por un muestrario variopinto de testimonios enmascarados detrás de la figura de Guy Fawkes, el personaje característico de la película V de Vendetta, que Anonymous utiliza como marca propia.

Brian Knappenberger consigue hilar hábilmente las opiniones sobre el destino de los colectivos sociales en la web y los posibles cambios mundiales que podrían generar. La música acompaña de manera prolija a una edición sin sobresaltos pero lista para apuntar hacia el sentido de la crítica del espectador. Los minutos finales intentan atrapar la conciencia de que no hay emancipación social sin lucha permanente.

Así van apareciendo los protagonistas. Jóvenes incómodos con la realidad. Sujetos de cambio: Mercedes Haefer, una de las activistas perseguida por el FBI; la docente universitaria Gabriella Coleman; Josua Corman, un filósofo especialista en seguridad informática. Todos parecen decir lo mismo: nos levantamos; nos revelamos en nombre de la libertad.

The Internet´s Own Boy cautiva la mirada desde la injusticia. Una especie de Robin Hood decide compartir el botín más preciado del siglo XXI: la información. El debate escapa a la lógica estrictamente relacionada con la web para generar una pregunta más potente: ¿pueden gobiernos y corporaciones ocultar información? E inmediatamente otra: ¿por qué el acceso a determinado conocimiento no es gratuito?

No existen respuestas contundentes pero en ambos relatos se puede apreciar un hilo invisible que une esas realidades de cambio en las relaciones humanas. Un acercamiento interesante a este universo, sobre todo para aquellos que no conocen la temática a fondo.

Publicado originalmente en Notas, periodismo popular. Cedido a @jaquealarte por su autor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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