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Cine: Abriendo 2018, Pescador de José Glusman

Alcanzan los breves y precisos planos de los créditos de Pescador:  una playa vacía, el mar revuelto, una casilla de madera, imágenes envueltas en un sonido que choca con la serenidad que esos encuadres transmiten y en esa superposición se instala una incomodidad.  Así es, en esos pocos minutos el director José Glusman logra plantar una promesa: ese espacio está a la espera de que algo perturbador suceda.

Los 80 minutos que dura Pescador, protagonizada por Darío Grandinetti que compone sobriamente a Santos, un personaje oscuro y con dobleces, el tipo solitario que pesca en esa playa a la que se intuye que huyó para rodearse de silencio y de la humedad brava de la ginebra, cumplen la promesa del inicio.

A la vida serena y solitaria del pescador enjuto,  llegan unos pibes de la ciudad a montar un parador. El tipo que va envejecinedo pescando se choca ahora con esos jóvenes inexpertos y, como en un relato fantástico, lo inesperado sucede. ¿O ya estaba latiendo desde la primera mirada que captó la cámara en Santos? ¿Un pescador fugitivo?

De repente el asfalto, los ascensores y el ruido de la ciudad desplazan el rincón donde Santos pescaba, encerrado en su cabeza y en esa caña a la que se aferra -mientras puede- como si fuese la última mujer.

En esos cruces donde la asintonía de las imágenes con el sonido priman, donde colapsa la parsimonia de quien ha huido con la expectativa ingenua de los que recién han llegado se desliza la película de Glusman, que se va desplazando de género milimétricamente. En esos deslices la película consigue su mejor apuesta narrativa. Glusman fue maltratado inexplicablemente por la crítica, racista y vergonzante, pero con Pescador van a tener que mover la aguja. Más bien para arriba.

Desde su primer largo “100 años de perdón”, Glusman viene intentando armar una obra que se consolida en historias pequeñas, íntimas, pero que desde su aparente sencillez refieren a la violencia del mundo, al crimen inevitable, al desamor, a la desesperanza y casi siempre a la búsqueda de redención. En Pescador,  el director que quería ser actor, parece sacarse el miedo y la pretención temeraria de dirigir y escribir sus propias historias y esa suerte de liberación de sus propios mandatos, lo ayuda a crear ahora una obra con la que quizá puede volver a barajar , en realidad en cada obra se vuelve a barajar, y  lograr la mirada que merece.

Muy audaz su apuesta de incluir en el elenco -de desempeño parejo, sobre todo los mocosos del parador- a Gigi Rua, esa actriz de tono concheto de los 80s, de las telenovelas menos rascas de la tele. La bella de voz gangosa sigue gangueando como una madurita a la que ese tono le borda el personaje.

Desde el 11 de enero en 50 cines.

Sobre el autor

Cristina Civale

Cristina Civale